No hay derecho

Opinión

La chuletada anual de las facultades de Derecho, Relaciones Laborales o Biología, entre otras, se celebró este pasado sábado 14 de octubre en la Mesa Mota (La Laguna). Un día festivo, que normalmente transcurre con normalidad entre copas y risas, se ha convertido en la comidilla. Y sí, digo comidilla por no decir basura, algo que abundó al final de esta celebración para sorpresa de los excursionistas domingueros. En las brasas de la polémica: los futuros juristas, los organizadores del evento y, curiosamente, un grupo de Facebook del alumnado de Derecho.

A primera hora del domingo empezaron a publicarse en La Opinión de Tenerife y Diario de Avisos diversas noticias relacionadas con el acto y con las consecuencias que este tuvo. 1600 kilos de basura fueron lo que se encontraron los visitantes a este parque recreativo, los cuales tuvieron que recoger los residuos y restos con la ayuda del operativo de limpieza del Ayuntamiento de La Laguna. Pero, ¿quiénes son los culpables de este desaguisado?

La opinión pública y la prensa disparó hacia el Grupo de Alumnado de la Facultad de Derecho. Se les ha puesto en el centro de la polémica como principales causantes cuando, únicamente, se limitaron a difundir, ser intermediarios informativos y publicitar la cita en las redes sociales, incluso sin asistir a la chuletada. Confiar en sus compañeros y darles publicidad fue su condena.

Desde algunos medios informativos se ha apuntado hacia los estudiantes de Derecho, conocidos como los «guarros» de la Isla. La chuletada estuvo organizada por alumnos de tercer año de Derecho, los cuales emprendieron camino a las cinco de la tarde dejando la basura a fuego lento en el suelo. A pesar de ello, también acudieron cientos de personas ajenas a la Universidad, además de grupos pertenecientes a los grados de Relaciones Laborales y Biología, los cuales no tardaron en desmarcarse con pruebas gráficas que demostraban que su zona al término del día estaba limpia.

El que calla otorga


Sin duda, mucha culpa del grado de confusión que reina sobre el lamentable suceso lo tiene la Delegación de Derecho, dispersa estructuralmente, y la organización de la chuletada, que se mantiene muda y se limita a huir de preguntas. El que calla otorga.

Y mientras, en las redes sociales, los comentarios de alumnos indignados no cesan: ¿Por qué pagar justos por pecadores?, ¿por qué tengo que recoger la mierda de los demás?, ¿un pequeño grupito representa a una carrera entera? Muchos de ellos dirigen sus miras hacia los organizadores o hacia otra Facultad. Aún así, todo se ha convertido en el juego de moda en nuestro país: el «y tú más». Quizás haya que dejar el linchamiento público y señalar con el dedo a un colectivo concreto, y poner en práctica la autocrítica y la conciencia medioambiental. Lo del pasado fin de semana no fue un caso aislado. Las Raíces y la Mesa Mota vivieron episodios similares en 2015 y 2016.

Puede que haya llegado el momento de reflexionar y tener en cuenta que la naturaleza no es una discoteca, que las generalizaciones las carga el diablo, que para organizar un evento de ese calibre hay que ser responsables y que dar la cara siempre es una buena solución.

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