Sigrid Ojel, Cristina Hernández Cruz y Eduardo Feria saludan al público al final de la representación. Foto: K. Cano

‘La Tuerta’ muestra recuerdos de la posguerra en el Auditorio de Adeje

Cultura / Ocio

El miércoles 5 de marzo, a las 20.00 horas, el Auditorio de Adeje acogió la representación de La Tuerta, una propuesta teatral centrada en la memoria de la posguerra y en las historias de mujeres que se vieron obligadas a sobrevivir en un contexto marcado por el hambre y la represión. La función reunió a alrededor de 150 asistentes, según datos de la organización. El montaje, dirigido y protagonizado por Aranza Coello, presentó una puesta en escena que rompe con la distancia tradicional entre intérpretes y público, combinando testimonios, elementos simbólicos y una escenografía poco convencional para reconstruir episodios de violencia, exilio y resistencia.

La obra es una adaptación teatral basada en la novela de María del Mar Rodríguez. Durante el proceso creativo, Coello destacó la importancia de la memoria en el relato escénico: «Los tiempos se superponen en las personas porque venimos arrastrando memorias que están en nuestros cuerpos arraigadas», explicó la directora y actriz.

La función comenzó incluso antes de que todo el público estuviera sentado. Al entrar en la sala, el equipo escénico ya se encontraba sobre el escenario interactuando entre  y moviéndose por el espacio mientras las personas asistentes ocupaban sus asientos. Parte del reparto sostenía vasos y botellas de vino y se dirigía al público para preguntar si habían llevado comida. También había personas sentadas dentro del propio escenario, lo que reforzaba la cercanía entre escena y sala. «Siéntate, siéntate», dijo Aranza Coello desde el escenario. «¿Trajiste algo para comer?», preguntó Cristina Hernández mientras continuaba con la interpretación.

El montaje rompe la distancia entre público e intérpretes


El escenario estaba dividido en distintos espacios. Algunos elementos colgaban del techo, como una gran hoja, y en uno de los laterales había tierra y arena, que simulaban un pequeño huerto. El elenco utilizó esos materiales para generar efectos durante la función. En una escena, por ejemplo, lanzaban vasos de tierra al suelo para crear humo. Durante la representación, quienes actuaban también se cambiaban de ropa a la vista del público, bailaban o se sentaban entre las personas asistentes. En otro momento lanzaron papeles rojos al aire, que simulaban sangre o explosiones en un contexto de guerra.

La obra relató la historia de varias mujeres tinerfeñas que se ven obligadas a prostituirse para sobrevivir durante la posguerra española. El montaje, mostró la dureza del hambre y las dificultades, así como las diferencias sociales entre las mujeres del bando vencedor y las del bando vencido. Coello también, en varios momentos, interpretó a María ‘La Gorda’, una mujer inteligente y carismática que regenta un burdel en la calle Miraflores de Santa Cruz de Tenerife. El personaje aparece representado como una figura fuerte que, a pesar de las dificultades, logra prosperar. En el escenario compartió reparto con Eduardo Feria, Cristina Hernández Cruz y Sigrid Ojel, quien en distintas escenas encarna a la protagonista víctima de abusos.

Arena, objetos y gestos corporales crean climas dramáticos. Foto: K. Cano

«Me pegó, me tiró contra la pared y me atravesó»


En la parte final de la función el tono se volvió mucho más intenso. El elenco de intérpretes comenzó a relatar fragmentos de la vida de la protagonista, una mujer que sufre violencia y abusos. Uno de los testimonios describió una agresión sexual que termina con la protagonista defendiéndose con un cuchillo. El relato se convirtió en uno de los momentos más duros de la obra. La historia también mostró la otra cara de su vida; la de una vivienda humilde que comparte con su hija Isabelita y con su tía. En una de las escenas más emotivas los personajes cantaron un arrorró a la niña.

Tras estos acontecimientos, la protagonista abandonó su ciudad y viajó a Buenos Aires siguiendo el ofrecimiento de dinero de un hombre. Allí llega a pasar quince días detenida. «Guardaba cachitos de periódico dentro de una lata» relató Sigrid Ojal en representación de la víctima. Ella enviaba dinero desde América a su familia, en concreto a su tía Concha y a su hija Isabelita. Cinco años después de su marcha, se menciona que la huerta familiar y la casa donde vivían ya no existen. La protagonista nunca vuelve a su hogar.

Un final que dejó al público emocionado


En los últimos minutos el elenco empezó a recoger el escenario mientras iban relatando los testimonios de las víctimas. La escena final dejó un ambiente cargado de emoción en la sala. Cuando se encendieron las luces, gran parte del público se encontraba emocionado e incluso algunas personas llorando. Como despedida Aranza Coello dijo: «Somos como médiums que te llevamos al pasado».

Estudiante de periodismo en la Universidad de La Laguna, apasionada por el modelaje, el cine y el deporte. El periodismo me permite unir la curiosidad, los sentimientos y la verdad, dejando huella en cada historia que comparto.

Lo último sobre Cultura / Ocio

Ir a Top