Una despedida cargada de amor, donde la tristeza se vuelve dulce y el adiós nunca es definitivo. Foto: PULL

Amor y tragedia: ‘Roméo et Juliette’ conquista el Auditorio de Tenerife

Cultura / Ocio

El amor y la tragedia volvieron a encontrarse para cobrar vida en el escenario del Auditorio de Tenerife. La representación de Roméo et Juliette reunió a la audiencia el pasado martes, 17 de marzo, en la Sala Sinfónica. Una obra que, durante dos horas y cuarenta minutos, con una pausa de veinte, desplegó una historia trágica donde la pasión juvenil se enfrenta a la violencia heredada entre generaciones. Entre luces tenues y los primeros acordes de la orquesta, Verona apareció en el escenario para reinterpretar un clásico de William Shakespeare.

La sala estaba repleta. El murmullo del público desapareció cuando las luces se atenuaron hasta desaparecer. Antes incluso de que comenzara el espectáculo, los aplausos de bienvenida empezaron a sonar, quizás debido a las expectativas de lo que prometía ser una gran noche. Desde los primeros minutos, la música marcó el tono trágico de la historia. El telón se abrió mostrando a todo el elenco que destacaba entre la intensa luz roja. Poco a poco, la iluminación lateral dejó ver los rostros ocultos tras antifaces, creando una atmósfera de misterio. En ese momento surgió el primer encuentro de los enamorados, siempre separados, como si el destino insistiera en mantenerlos alejados.

Un mundo dominado por el control frente al impulso de cambio de la juventud


Amor, odio y una generación enfrentada: la propuesta escénica puso el foco en el choque entre las estructuras de poder y jóvenes que se rebelan contra ese legado a través del amor. El coro llenó el escenario con escenas llenas de movimiento, colores, bailes y vestidos alegres que contrastaban con la tensión que se acercaba. En medio de la vitalidad y el dinamismo apareció Juliette, cuyo coro en solitario destacó frente al resto. 

El tenor Airam Hernández dio vida a Roméo Montaigu con una interpretación envolvente, la soprano Sofía Esparza encarnó a Juliette Capulet con una voz inconfundible que sobresalió en los momentos más emotivos. Sus duetos, en especial los encuentros entre ambos, se convirtieron en algunos de los instantes más aplaudidos de la noche.

Es necesario mencionar el decorado del escenario, rodeado por columnas de estilo clásico, y el uso constante de tonalidades en la luz. Los tonos rojos y azules acompañaron la evolución dramática haciendo que nos sumergiéramos de lleno en la historia. La aparición de los bandos enfrentados, primero el de Juliette y luego el de Roméo, evidenció las diferencias entre ambos mundos. El primer beso marcó un punto de no retorno, pronto interrumpido por la violencia que caracteriza a la obra. En el reparto destacaron también voces como la del bajo-barítono Simón Orfila en el papel de Frère Laurent, y el barítono Fernando Campero como Mercutio, cuya muerte supone un momento decisivo hacia la tragedia. A partir de este acontecimiento, la obra adquiere un tono aún más oscuro.

Los colores, la danza y los atuendos dan vida a la trágica historia de amor. Foto: PULL

«La tristeza de este adiós es tan dulce, que quisiera decirte adiós hasta mañana»


La noche estuvo llena de confesiones entre los enamorados. Juliette se lamentaba: «Me fije en él sin saber quien era, odio este amor maldito». La célebre escena del balcón se desplegó con intensidad emocional: Juliette, vestida de blanco, disipaba sus dudas mientras Roméo rechazaba el nombre que los separa. «Si no puedo estar contigo la tumba será nuestro lecho nupcial», pronunció Juliette con la voz rota. Las declaraciones de amor, cargadas de lirismo, resonaron con fuerza: «Querido Romeo, dime con honestidad: me amas?», pronunció Juliette en plena desesperación.

Tras el descanso, un velo blanco cubría el escenario, envolviendo a la pareja en una atmósfera más íntima. Las luces, las sombras y la música acompañaron los conflictos internos de Juliette, quien prefiere la muerte antes que renunciar a su amor.

«Qué final tan dulce»


La llegada del desenlace fue inevitable, ambos mueren por amor en un final tan trágico como poético. La luz se fue apagando mientras la música ganaba intensidad en sus últimos acordes. Tras un breve silencio, la sala estalló en una larga ovación que reconoció el trabajo del elenco artístico. La representación volvió a demostrar que la historia de Roméo et Juliette sigue dialogando con el presente, recordando que, incluso frente a los conflictos heredados, el amor puede ser una forma de resistencia. La producción continuará presentándose en la Sala Sinfónica los días 19 y 21 de marzo a las 19.00 horas, ofreciendo nuevas oportunidades para acercarse a esta reinterpretación del clásico. La entradas están disponibles en la página web del Auditorio de Tenerife.

 

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