Vidas falsificadas

Opinión

Gafas de sol, CDs, zapatos y bolsos falsificados. Estos son algunos de los productos que se encuentran habitualmente por las calles de las principales ciudades europeas. Detrás de estas mantas se esconden extranjeros que viven en situación irregular, así como personas que se pasan años de su vida pateando calles enteras y no consiguen estabilidad en sus vidas, sin un empleo legal y unas condiciones dignas de vida por carecer de papeles en regla.

El comercio callejero está regulado en las ordenanzas municipales y castigada en el Código Penal si la mercancía que se pretende vender incluye discos ‘piratas’ o artículos falsificados, pero lo cierto es que cada vez son menos los expatriados que acaban en el banquillo. El motivo de estas circunstancias se puede deber a que hoy ya no se venden prácticamente CDs ni DVDs y, la mayoría de las actuaciones policiales, acaban en la vía administrativa y no en la penal.

Un negocio que no gusta


La venta ambulante en manta es un comercio despreciable que favorece a las mafias con desfalcos y eterniza la precariedad de los inmigrantes que la ejercen. La persecución de las autoridades contra ellos es una forma de atentar contra su miedo y su inseguridad y que no acaba de funcionar, ya que nadie parece interesado en arremeter contra la verdadera esencia del problema.

Se trata de una opción para aquellos que aspiran a un modo de vida honrado tras salir de los centros de menores o de retención. Hacer pagar siempre a la parte más débil de la sociedad define nuestra incapacidad como país.

Los manteros son el foco de delincuencia callejera, cuyo negocio no tiene bandera. No se puede eludir la responsabilidad de quienes cometen delitos, ni de sus clientes que aprovechan sus grandes ofertas para adquirir productos de marcas caras a un precio mucho inferior. Pero, para muchos, estos inmigrantes valen lo mismo que sus productos, olvidándose de que son personas y no objetos.