El trabajo rellena un hueco en la reconstrucción del régimen de lluvias africano en las postrimerías del siglo XIX. Foto: PULL

«Un atenuado desierto del Sáhara entre 1882 y 1890»

Artes y Humanidades

La revista de Geografía Ería, editada por la Universidad de Oviedo, ha publicado el artículo Otra imagen del desierto. El clima del antiguo Sáhara español entre 1882 y 1890, fruto de la investigación de tres profesores de las universidades públicas canarias: Constantino Criado y Pedro Dorta, del Departamento de Geografía e Historia de la Universidad de La Laguna, y Claudio Moreno, del Departamento de Geografía de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. En él se describe un periodo de esta zona con un régimen de lluvias mayor al de épocas posteriores, que permiten a sus autores calificarlo como “desierto atenuado”.

El artículo reconstruye los índices de lluvia, según la metodología de la especialista en clima africano Sharon Nicholson. Los autores utilizaron los datos provenientes de los informes de tres expediciones africanas (Cervera, 1886; Bonelli, 1887 y Douls, 1888), los datos pluviométricos obtenidos por el escocés Donald Mackenzie en Cabo Juby (Tarfaya) durante 1884 y 1885 -recuperados por Nicholson (2001)- y la tradición oral de las tribus saharauis (Erguibat, Izarguien, Ulad Tidrarin y Arosien) registrados por Julio Caro Baroja (1955) y Caneille y Dubieff (1955).

Esta suma de fuentes o proxies, junto con los escasos datos estadísticos existentes para Cabo Juby, permiten recuperar la imagen de un desierto atenuado, con unos totales pluviométricos superiores a las medias, lo cual permitió mantener una numerosa cabaña ganadera que, en los territorios meridionales próximos a la actual Mauritania, incluía ganado vacuno, numerosas daias (lagunas temporales) y extensas graras (espacios naturales cultivables) con plantaciones de cebada.

Entender el funcionamiento climático


La comparación de esta imagen de desierto atenuado con los datos registrados en el antiguo Sáhara español en los años cuarenta permite entender el funcionamiento climático de estas fases húmedas, con un descenso importante del frente polar en los meses invernales (produciendo lluvias sobre todo al norte del territorio) y ascensos de las tormentas monzónicas estivales dando lugar a precipitaciones generosas especialmente en la parte sur.

Un ejemplo de una situación similar a la de la década estudiada corresponde al año 1951, mientras que las sequías extremas, devastadoras para la vida de los saharauis, vendrían ejemplificadas en las escasísimas lluvias del año 1948.

Con los datos analizados se ha podido realizar una tabla en la que se aprecia como entre 1882 y 1890 hubo cinco años lluviosos, tres normales y uno seco (1890), relacionándose los húmedos y normales con valores positivos del índice Sahel y valores muy variables del índice de Oscilación del Atlántico Norte (NAO).

El trabajo viene a rellenar un hueco en la reconstrucción del régimen de lluvias africano en las postrimerías del siglo XIX y resulta de interés a la hora de adoptar políticas de mitigación del cambio climático en el África occidental.

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