La artista finlandesa Ulla Suokko junto a su flauta de metal. Foto: PULL

Ulla Suokko y Yoshi Hioki: voces internacionales en Los Silos

Literatura

El artista japonés Yoshi Hioki y la flautista finlandesa Ulla Suokko protagonizan en estos días del Festival Internacional del Cuento en el municipio de Los Silos, diversas actuaciones e interpretaciones narrativas como Ilmatar, la hija del viento o también, del narrador nipón, La flor que palpita, entre otras. Ambas voces pertenecen al contexto internacional que envuelve este evento, donde multitud de culturas, muchas maneras de contar historias y de llegar al espectador enriquecen cada una de las obras. Además estos autores exportan mitos o leyendas de sus países, explicando el origen y significado concreto.

Entre sus muchas habilidades, Ulla Suokko, Doctora en Artes Musicales por la prestigiosa The Juilliard School posee una carrera internacional amplia y reconocida tras subirse a muchos escenarios importantes. Tras su debut en Carnegie Hall de Nueva York como ganadora del premio de Artists International, esta artista finlandesa, que radica en Perú, se dedica a ofrecer recitales y talleres alrededor del mundo.

‘Ilmatar’, música y una gran voz


Ulla Suokko sorprendió con un espectáculo versátil donde narración y música parecían gemelas una de la otra. Con toques de humor y cierto misticismo clásico en leyendas y mitos, las historias de la autora envolvían al público junto a una escenografía que rompía, un tanto, la escena por antonomasia de un narrador. Ilmatar, la hija de viento fue la historia principal de la cita donde se hacía referencia a uno de los cuentos de la mitología nórdica finlandesa. En ella, se contaban los antecedentes de la diosa del aire, a raíz de la temática del festival de esta edición.

La incorporación de los instrumentos como un tambor de piel de reno o una flauta de abedul aportaron dinamismo, y de la misma forma que las palabras cuentan o describen, lo hacía igual el fino hilo musical o la ruda y resonante percusión. Además, la locución de las onomatopeyas o las imitaciones de los elemento de la naturaleza como el viento, destacaban por su naturalidad y realeza. Tenían la capacidad de demostrar al espectador que aquello en lo que caía su interpretación, podían tocarlo, sentirlo e incluso, revivirlo. También, aunque en menor medida, Suokko utilizaba elementos visuales como unas pequeñas alas blancas para sustituir en muchas ocasiones la cruda narración. De esta forma, el espectáculo cobraba una mirada tridimensional que incluía la comunicación verbal, visual y sensitiva.

Por otro lado, las aportaciones culturales enriquecieron aún más la presentación. La doctora en Artes Musicales, ofrecía pequeños paréntesis en su monólogo para enseñar palabras fineses o incluso, sin un perfecto dominio de la lengua española, preguntaba al público algunas palabras que desconocía. Esto le aportó veracidad y cercanía con el respetable que se sumergía a más profundidad en los brazos arrulladores de Ulla Suokko.

Finalmente, la voz de la protagonista cautivó a los presentes por su melodía, fuerza y sentido. Era capaz de incorporarse con una voz que simbolizaba un silencio o un momento de tensión en mitad de una historia. Todas estas alteraciones clásica en una narración rompieron en un silencio en el, prácticamente, se podía escuchar la respiración de la actriz. En definitiva, una mezcla de aparente sencillez junto a un talento definido en el mundo de la música, solo pudo acabar con una espectadora que, una vez finalizado el recital, le pidió que cantara. Suokko, con una fascinante improvisación, consiguió que todos los asistentes cantaran, entre los dobles de palmas, en su idioma natal.

Yoshi Hioki: erotismo, sexualidad y humor


Yoshi Hioki conoce a su público, sabe lo que quiere y se lo da sin reservas. El narrador de origen japonés comenzó en el oficio en los años 90 después de que una cuentacuentos le abriera los ojos: el pálpito de las palabras que le sumergieron en un torrente de emociones lo decidieron por este camino. En el espectáculo que ha dado en el Festival del Cuento durante estos días, el tema en el que se centró fue en el erotismo, la sexualidad… Y el humor en su espectáculo La flor que palpita.

Ataviado con un kimono negro típico y un abanico rojo, contó tres historias donde la picardía y la empatía con los asistentes estuvieron presentes. El salón principal del exconvento fue el escenario de las leyendas niponas y, a través de la naturaleza y de las metáforas coloridas, construyó tres relatos que hicieron las delicias de los oyentes adultos.

Al comienzo de cada relato, Hioki cantaba un breve haiku que trasladaba a los presentes a los lagos de su tierra natal, impregnando con sus movimientos y voz de solemnidad a la tradición milenaria. Todo comenzó hace centenares de años en la antigua ciudad de Kyoto, donde un joven hombre comenzaba a entrar en, ustedes saben, eso que le llaman «despertar sexual». Nabos, mujeres embarazadas, un hijo venido del cielo que escenificaban lo que probablemente era un Jesucristo asiático, junto a mil locuras más, fueron la senda de esta narración que se adornaba con las carcajadas del público.

Yoshi Hioki. Foto: Carla Rivero

Mientras, la segunda parte recayó en las vivencias de una joven prostituta nipona que, a pesar de con tan solo mirar a los hombres hacían que estos cayeran rendidos de placer, nunca había experimentado el orgasmo. Con ciertas reminiscencias al antiguo cuento de El pez frío del siglo XI, la muchacha descansa sobre un lago donde aparece de repente una carpa. Si le preguntan a Hioki, les contará lo que ocurre entre estos dos seres una clara noche de luna llena. Y, por último, la dama escarlata se abre paso en la boca del narrador, que desea, imperiosamente, que conozcamos su historia y la del desventurado de su enamorado, que sabe que nunca la podrá poseer.

Son poderosos los mensajes que deja Hioki, alternados con muecas, timbres de voz modulados, buscando ser compinche de los pensamientos de sus interlocutores, a quienes pregunta y hace levantar la mano. «¿Qué mujer de aquí ha recibido una carta de amor?», varias manos se levantan, «vaya, los canarios sí que me sorprenden». Es un toma y daca donde no deja tiempo a la calma pues las imágenes que va evocando con su narración deja sin respiración a quien lo escucha.

Así, tradición y presente se unen gracias a emociones que no conocen de barreras: la felicidad, la desdicha, el placer o el humor. Con estas actuaciones, el Festival Internacional consigue que se efectúe un año más el acercamiento de culturas con éxito. Una ocasión idónea para comenzar, seguir y ampliar los conocimientos y la curiosidad por otras sociedades. Y todo gracias a un cuento.

 

  • Texto: Álvaro Tortú y Carla Rivero

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