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Leandro González

César Yanes: «En Insularia Teatro concienciamos desde la diversión»

Cultura / Ocio
El director escénico, actor y miembro fundador de Insularia Teatro, César Yanes. Foto: PULL

Es una fría tarde de Mardi Gras. Sobre las tablas yacen los restos de un desfile de carnaval: purpurina y confeti sucio. A cada lado del escenario, una silla vacía. Justo en el centro, un mesa camilla cubierta con un guardapolvo de encaje blanco. Sobre ella, un teléfono amarillento que se bifurca en dos audífonos sujetos al mismo cable rizado. El periodista entra a escena en pijama, se mete una aspirina en la boca y se sienta en una de las sillas. Sujeta el teléfono con la barbilla y marca el número de nueve cifras. César Yanes, que estrena este domingo R3: Máquina del futuro! en el Teatro Victoria de la capital tinerfeña, se precipita a responder desde el lado opuesto del escenario. Espera tres tonos. Uno. Dos. Tres. Entonces, se abre el telón.

¿De dónde nace su amor por el teatro? “En realidad, no lo tengo muy claro. Supongo que tuve profesores que despertaron mi curiosidad por la literatura. Como decía Lorca, el teatro es la poesía que se levanta y se hace sangre, se hace humana. Desde muy pequeño sentí el impulso de sacar la literatura de los libros y materializarla en escena. En mi familia, además, siempre ha estado presente cierta sensibilidad por la cultura y, en especial, por la música. Al final, son las experiencias vitales las que me han conducido hasta el teatro. Mal que me pese. Ja, ja, ja…”.

Ha estado en ambos lados de la producción: sobre las tablas y fuera de ellas. ¿Dónde se siente más cómodo? “Los años me están demostrando que el entorno en el que me siento más seguro es el de la dirección escénica. Sin embargo, no me arrepiento de los años que me he dedicado a la interpretación. Como director, es indispensable conocer el proceso al que se someten los actores para llegar hasta su personaje. Vivirlo de primera mano te permite reunir la experiencia y el material suficiente para entender las necesidades y complicaciones que se le pueden plantear el reparto. De todos modos, no creo que sea capaz de mantenerme alejado de los escenarios durante mucho tiempo. En el teatro se crea un vínculo con el público”.

«Me gusta emocionar en directo, no en diferido»


¿Esa es la razón por la que se ha alejado del mundo del celuloide? “Así es. En cine, siento que no conecto con la gente y eso me hace sentir muy incómodo. El teatro, en contraposición, es un ritual mucho más directo, vivo e incluso carnal. En escena siempre está presente el riesgo del error. En pantalla, en cambio, solo se muestra la mejor toma; al espectador le llega una versión sintetizada de lo que el director considera como la interpretación más acertadas de su actor. Los que nos dedicamos al teatro, no obstante, disfrutamos de la adrenalina que genera el cara a cara con la audiencia. A mí me gusta emocionar en directo, no en diferido”.

¿Cómo ha sido el trabajo con los dos actores protagonistas en su última producción, R3: Máquina del futuro!? “Como siempre, es un lujo colaborar mano a mano con Leandro González, el otro miembro fundador de Insularia Teatro. Esta vez, además, incorporamos en nuestra plantilla a Mar Gutiérrez, una actriz estupenda y compañera de la Asociación Cultural Grupo de Teatro Sol y Sombra de Icod de los Vinos. De algún modo, es una manera de agradecerle haber acogido a aquel chaval de 14 años que buscaba una forma de empezar a profesionalizarse en el teatro. Esta requería, además, de gente con mucho talento, porque aunque el tema del cambio climático sea trágico, lo hemos abordado desde la comedia. Para colmo, lo que en un principio se planteó como una máquina del tiempo con todo tipo de efectos, por limitaciones de la producción se convirtió en un pequeño papel que yo mismo desempeño durante la representación”.

Autodirigirse no debe resultar nada fácil… “En realidad, es muy complicado. Como los directores escénicos siempre intentamos tenerlo todo bajo control, cuando nos toca actuar a nosotros queremos que pase rápido; necesito ver el trabajo de los actores, comprobar la escenografía, la iluminación… Esa es la razón por la que hemos convocado algunos pases con público. Es genial actuar en petit comité, porque así podemos intercambiar opiniones abiertamente con los espectadores. Muchos de ellos son compañeros especializados en teatro y otros son, sencillamente, familias que vienen a darnos su opinión sobre el desarrollo de la trama y la construcción de los personajes”.

«Buscamos que el espectador se posicione en los conflictos que planteamos»


¿Harán cambios para el estreno? “Desde luego. Y es muy probable que tras el estreno también. Es otra de las diferencias con respecto al cine: el teatro es un organismo vivo. Cada actuación tiene que ser espectacular y eso depende de muchas cosas. A lo mejor en el momento más trágico de una representación, un espectador tose y se distrae todo el patio de butacas o se desconcentran los actores. Una propuesta escénica siempre se presta a evolución, es susceptible de ser mejorada a medida que se estudian las reacciones del público y de los propios integrantes de la producción”.

¿Es una complicación dirigir para un público infantil? “El público infantil es más sincero. Si le gusta la historia va escuchar y si no, no. En ese sentido, es necesario buscar la simbiosis entre entretenimiento y concienciación. Nuestro espectáculo busca entretener, pero también instruir e informar. Aunque no se trata de una historia bonita, la obra no puede perder de vista su condición de espectáculo familiar porque intentamos crear público, no espantarlo. Por eso, los dos marcianos que vienen a darnos una lección sobre las tres erres (reducir, reciclar y reutilizar) no pretenden martirizar a los niños, sino contribuir a la causa medioambiental en la medida en que el arte puede incentivar un cambio de actitudes y valores. Consiste, a fin de cuentas, en concienciar desde la diversión. Ese es el reto fundamental de esta pieza”.

¿Cómo ha sido todo el proceso de producción de R3? «Como viene siendo habitual desde nuestra obra Federico y Salvador, partimos del texto de Gerardo Barrios. Previamente, todos los miembros de la compañía acordamos un tema y su público exponencial. Sobre el libreto se emprende el proceso de selección del elenco, el equipo técnico de producción, escenografía, vestuario, imagen corporativa… Esta vez tuvimos la suerte de que el Ayuntamiento de Icod de los Vinos nos cedió el teatro local durante tres meses para poder ensayar sin la incomodidad de trasladar todo el equipo día tras día. La brújula que nos orienta es el deseo de transformar, al menos un poco, al público, sacarlo de la indiferencia. Tanto es así que muchas veces lo que buscamos es que se posicione en los conflictos que planteamos”.

«En nuestros viajes por Latinoamérica aprendimos que el teatro es un lenguaje universal»


¿R3: Máquina del futuro! es un encargo o una iniciativa de la compañía? “Bueno, todo empezó porque el Ayuntamiento de Garachico nos invitó a participar en un evento para la Hora del Planeta. Allí no había sino un bosquejo de la historia, fue la chispa que desató el incendio que es ahora R3. Hay una diferencia cualitativa enorme; lo que en principio eran un par de marcianitos que jugaban con los niños y reciclaban cosas en una máquina se ha convertido en un conflicto entre dos extraterrestres y la humanidad entera. El personaje de Mar Gutiérrez, que se queda prendado de la especie humana, tendrá que decidir si quedarse a guiarnos a reconducir la cuestión medioambiental o abandonarnos a nuestra suerte. Aquel espectáculo de veinte minutos no fue sino el motor que hizo despertar a una máquina que ahora funciona durante algo más de una hora”.

La compañía ha viajado a la Península, pero también a países latinoamericanos, como Bolivia y Argentina. ¿Qué se lleva de esas travesías? “Es genial conocer a otras compañías, a otros compañeros y otras formas de contar alrededor del mundo. Pero al final nos dimos cuenta que el teatro es como el jazz: un lenguaje universal. Una anécdota divertida es cuando fuimos a representar De hombre a hombre en una pequeña ciudad de Bolivia, una suerte de Lolita con la temática LGTB como telón de fondo. El caso es que un medio local tituló que ya llegaban los ‘pederastas’ a la ciudad. A nosotros nos hizo muchísima gracia, pero nos pareció un recibimiento de lo más loable porque probaba la notoriedad que iba adquiriendo nuestra obra. No concebimos el teatro sin una reflexión particular sobre la vida o la existencia. De cualquier otra forma, no es teatro, es puro pasatiempo”.

¿Se avecinan nuevas aventuras pronto? “En unas semanas nos iremos a Paraguay con Federico y Salvador. También estaremos en Venezuela, en el Festival de Teatro de Caracas. Estamos muy emocionados porque nos permite ampliar las fronteras de nuestra arte, así como el bagaje que poco a poco vamos acumulando como compañía. Además, consideramos que es fundamental hermanarnos con la cultura latinoamericana. Como canarios, no solo somos fieles admiradores de su teatro, sino que compartimos más raíces con ellos que con el resto de Europa”.

«No recibimos ningún tipo de financiación pública»


¿Qué tiene Insularia Teatro que no tengan otras compañías? “Es una buena pregunta. Yo creo que, en nuestro caso, existe un especial interés por la forma, no solo en lo textual, sino también en lo musical. El producto que ofrecemos (y lamento hablar en términos comerciales, pero a fin de cuentas somos creadores de cultura) presta mucha atención a la calidad, pero también a la variedad de propuestas. Al vino, vino, por ejemplo, más que una pieza de teatro al uso es un evento, una suma de recitados y cuentos de la cultura vinícola que viene acompañada de una cata guiada por una enóloga profesional. En ese sentido, nos salimos de lo común y jugamos con públicos muy dispares al de, sin ir más lejos, R3. A nosotros lo que nos mueve es el amor por el oficio, cuidamos a nuestra audiencia y la invitamos a regresar una y otra vez al teatro. En ese sentido, lo que nos distingue es lo artesanal”.

¿Reciben ayudas de las instituciones públicas? “No. Es una pena que con el teatro de calidad que se lleva a cabo en las Islas, las subvenciones sean tan pobres. Aunque poco a poco parece que se van abriendo nuevas posibilidades, nosotros como compañía no recibimos ningún tipo de financiación por parte de las instituciones locales. A través del Cabildo de Tenerife y el Gobierno de Canarias lo único que hemos conseguido son bolsas de viaje que nos permiten aliviar los costes de desplazamiento del material escenográfico y de los profesionales involucrados en cada producción. Aún así, no es suficiente”.

¿Por qué debería el público acudir este domingo al Teatro Victoria? “En todos los sentidos, R3: Máquina del futuro! no tiene desperdicio. Como montaje teatral, como información para los más jóvenes de la casa y como obra artística. Gerardo Barrios ha construido un relato emocionante en el que también hay cabida para la tensión. Sin ir más lejos, en un momento dado, la propia isla de plástico se levanta y cuenta, a través de la personificación, sus planes para unir el Ártico y la Antártida, y acabar así con el Planeta. Son imágenes fuertes y sobrecogedoras que, gracias al lenguaje poético del teatro, se combinan con canciones divertidísimas y actuaciones maravillosas. Merece mucho la pena que venga toda la familia al completo”.

«Cuando la gente se aburre no piensa»

Cultura / Ocio
El dramaturgo de Insularia Teatro está a punto de estrenar su última obra, 'R3: Máquina del futuro!'. Foto: PULL

En un primer momento, Gerardo Barrios se muestra reacio a la entrevista. Desde que se incorporara a Insularia Teatro, él es el encargado de gestionar el departamento de comunicación, pero lo hace reservándose de todo protagonismo; de ahí, precisamente, mi interés por acercarme a una figura, por lo general, tan indispensable como desconocida. Barrios se erige, no obstante, como un productor de textos con una sensibilidad exquisita para los problemas universales de mayor actualidad. A punto de estrenar su última producción, R3: Máquina del futuro!, el dramaturgo nos enseña algunas de las claves para desenmarañar este apasionante y arduo oficio a la par que nos abre el apetito con las últimas propuestas de la compañía.

¿Se puede vivir del teatro? “Me encantaría poder responder a la pregunta con una rotunda afirmación, pero lo cierto es que es muy difícil. Las posibilidades se amplían cuando perteneces a una compañía consolidada, con medios afianzados y una oferta amplia y permanente. En cualquier otro caso, se vuelve muy complicado. En mi experiencia, si circunscribimos la pregunta en sentido estricto a la dramaturgia, le diría que la posibilidad de vivir de forma exclusiva del teatro es remota”.

Y aún así, no dudaron en fundar una compañía en plena crisis. ¿Por qué? “Sencillamente, por amor al teatro. Cuando César Yanes y Leandro González fundaron Insularia Teatro, allá por el 2014, no pensaron en que la crisis iba a ser un impedimento para desplegar su pasión por este oficio. Hace algo más de un año, cuando se me presentó la oportunidad de sumarme a la compañía, no lo dudé en segundo. A los tres nos une lo mismo: un increíble espíritu vocacional que nos ayuda a enfrentarnos a los problemas que se nos plantean como si fueran nuevas aventuras. Tampoco quiero que se me malinterprete, pero si buscas estabilidad laboral, el teatro no es tu sitio. Supongo que es el riesgo que entraña dedicarse al ámbito artístico en general”.

De Sófocles a Platón: simbiosis entre arte y pensamiento


Usted es profesor de filosofía. ¿Cómo llega de esta a la dramaturgia? “Es una pregunta preciosa. El teatro tiene un enorme contenido filosófico. Siempre he pensado que entre la filosofía y las disciplinas artísticas se tienden puentes que facilitan una constante ebullición de ideas. Concibo este campo del conocimiento como una herramienta que me mantiene en contacto con problemáticas humanas fundamentales y las distintas formas de expresión mediante las que se abordan estas. Yo entiendo que la filosofía es el cuestionamiento del orden social, que luego se ramifica en múltiples direcciones; en mi caso, ha sido la literatura y, en concreto, la dramaturgia. El teatro de Sófocles esconde tanto contenido filosófico como las obras de Platón o cualquier otro filósofo al uso”.

Ninguno de los miembros de Insularia Teatro se dedica exclusivamente al teatro. ¿Cómo logran compatibilizar ambas vertientes profesionales? “Quitándole horas a todo lo demás. Tampoco quiero trasladar una idea de sacrificio extremo, pero sí es cierto que en muchas ocasiones debemos renunciar a tiempo de sueño o de vida social para lograr compatibilizar nuestros trabajos hasta alcanzar un producto teatral de calidad. De cara a este objetivo, lo único que está a nuestro alcance es priorizar las distintas actividades y dejar en cuarentena otras que también son importantes, pero que apremian menos. No es una tarea fácil, aunque sí que resulta gratificante al final”.

Si algo caracteriza su obra es que está transversalizada por un afán social. ¿Cómo se consigue eso? “Sin petulancias de ningún tipo. Mi misión al escribir no es hacer pensar a alguien específicamente, pero espero que una de las cosas que ocurran cuando el público se encuentra cara a cara con las propuestas de Insularia sea la subversión de alguna de sus ideas o conceptos. Siempre he sostenido que un buen libreto se fundamenta en una combinación entre reflexión y entretenimiento; el teatro no se concibe sin un punto de diversión. El montaje de una obra es el resultado de un trabajo complejo que converge desde muchos frentes y es indispensable que desde todos ellos se incluya una dosis de placer y diversión. Cuando la gente se aburre no piensa y lo último que yo deseo es aburrir”.

«Concibo la escritura como un proceso de investigación exhaustivo»


En R3: Máquina del futuro!, mantienen intacta esa esencia, pero esta vez se dirigen a un público infantil… “Tras el éxito de Federico y Salvador, teníamos ganas de abordar un nuevo tema y dirigirlo a un público aún inexplorado para nosotros: el familiar. Pensábamos que era muy importante centrarnos en la cuestión medioambiental porque la responsabilidad del problema nos ocupa a todos. Además, en esta ocasión, convenimos en abrir un canal de comunicación directo con los más jóvenes. De esta forma, nos encontramos con un tema que es acuciante, pero al que nos acercamos desde el entretenimiento. Por eso trabajamos hasta dar con la fórmula perfecta: un par de marcianos que nos vienen a instruir en las tres erres: reciclar, reducir y reutilizar. Todo eso, además, con una ambientación muy estrafalaria porque está plagada de referencias ochenteras divertidísimas”.

¿El reto es mayor? “En todo proceso de escritura, uno no puede perder de vista hacia quién se dirige. En este caso, el espectro del público se amplió porque había que divertir tanto a los niños como a sus padres. Por lo tanto, sí, el grado de exigencia a la hora de escribir, del tratamiento de los personajes, de la creación de la trama… supone un esfuerzo mayor, aunque muy estimulante”.

Sé que es un tópico, pero ¿cómo se enfrenta al proceso de creación? “Yo siempre parto de la nada. A partir de ahí, me muevo por mis intuiciones. Por regla general, me planteo la escritura como una labor de investigación. Somos una compañía a la que nos gusta planificar el rumbo que vamos a seguir, discutimos y acordamos los temas que queremos abordar. Entonces comienza un proceso de varios meses en los que estudio, aprendo e interiorizo datos, historias, formas de ver y sentir… Es como estar en medio del océano y saber que en algún momento vas a llegar a puerto, pero no sabes cuándo con exactitud. Mi sensación es que siempre estoy persiguiendo algo, incluso cuando escribo. Que logre atraparlo ya es harina de otro costal”.

«El teatro canario goza de muy buena salud»


Teatro y Canarias, en apariencia, no parecen un binomio compatible. ¿La insularidad es un obstáculo para el desempeño de esta arte? “No me cabe ninguna duda de que en Canarias se hace un teatro fantástico. A medida que me adentro en este mundo, conozco a grandes profesionales que se entregan en cuerpo y alma a esta arte: estoy descubriendo un universo de un enorme rigor y pasión artística. Evidentemente, la insularidad es un obstáculo que hay que superar, no solo en el teatro, sino en el sector cultural en términos generales. De cualquier modo, lo tengo clarísimo: el teatro goza de muy buena salud en el Archipiélago”.

Ya en Federico y Salvador comprobamos lo importante que es la integración de diversas artes en su propuesta teatral. ¿Cómo se plasma eso desde el texto? “Desde el libreto se plantea un universo primigenio sobre el que se construye a través de un arduo proceso donde cada profesional va añadiendo su propia perspectiva del asunto. De este modo, el producto final es la suma de una serie de interpretaciones acumulativas, distintos pliegues de lectura que se superponen. Lo que el público ve durante la representación es el resultado de esa operación. En R3 habrá música, canciones, cuentos y, sobre todo, mucha magia… Hasta aquí puedo leer”.

Tras abordar la cuestión LGTB y retratar conflictos nacionales muy complejos, ahora le llega el turno al medio ambiente. ¿De dónde nace esa preocupación social? “Hace algunos días leía algo terrible: las costas canarias están llenas de microplásticos repletos de sustancias tóxicas. El cambio climático es real y también lo son sus consecuencias. El agotamiento de los recursos, la contaminación atmosférica y de las aguas, la destrucción de ecosistemas enteros, la desertificación… Muchos de estos efectos tienen un carácter irreversible, comprometen el futuro del planeta. No soy de los que piensan que el arte tiene las claves para solucionar todos nuestros problemas, pero sí quisimos aportar nuestro granito de arena y concienciar a las generaciones jóvenes desde el entretenimiento”.

Además de R3, ¿qué otros proyectos tienen en mente? «Aún es demasiado pronto para adelantar nada, pero sí le puedo decir que nos va muy bien con las otras tres producciones que tenemos en marcha: Federico y Salvador, Al vino, vino y De hombre a hombre. De momento, tenemos muchas ganas de estrenar, el 17 de marzo en el Teatro Victoria, R3: Máquina del futuro!. A partir de ahí, seguiremos trabajando y anunciando nuevas fechas. Estamos muy ilusionados”.

‘Federico y Salvador’, de Insularia Teatro, este miércoles en el Paraninfo

Cultura / Ocio
César Yanes y Leandro González, actores protagonistas de la obra 'Federico y Salvador'.Foto: Insularia Teatro

Federico y Salvador. Las horas oscuras y doradas, montaje finalista de los Premios Réplica 2018, clausurará el Año Lorca el próximo miércoles 5 de diciembre a las 20.30 horas en el Paraninfo. El evento contará con la intervención de Carlos Brito, profesor de la Facultad de Filología Hispánica de la Universidad de La Laguna y docente en la Escuela de Actores de Canarias. Las entradas se podrán adquirir por un precio de 6 euros en TomaTicket y en la taquilla del recinto una hora antes de la función.

Insularia Teatro, compañía encargada de la representación, llevará a escena la amistad erótica y conflictiva entre el universal poeta andaluz Federico García Lorca y el genio catalán Salvador Dalí. Así, mostrar una constelación de pasiones y acontecimientos sociales enmarcados en la histórica Residencia de Estudiantes de Madrid a comienzos del siglo XX.

Con César Yanes en el papel de Lorca y Leandro González en el de Dalí, la obra cuenta con el diseño escenográfico de Héctor León y la composición y los arreglos musicales de Juan Carlos Laón. Además, contará con la colaboración especial de Soraya García del Rosario, componente de Delirium Teatro, que dará voz a Bernarda Alba. Federico y Salvador. Las horas oscuras y doradas es una pieza escrita por Gerardo Barrios y dirigida por el reconocido director Severiano García.

Con esta producción, la compañía sigue apostando por un teatro que ofrece al público una cuidada combinación de reflexión, entretenimiento y emoción. Se trata de un espectáculo registrado en el circuito Tenerife Artes Escénicas del Cabildo Insular de Tenerife.

‘De hombre a hombre’, de Mariano Moro, mañana en el Paraninfo

ULL

El Paraninfo de La Universidad de La Laguna acogerá mañana, 22 de junio, la obra De hombre a hombre del dramaturgo Mariano Moro. El evento, que comenzará a las 20.30 horas, estará bajo la dirección de Lioba Herrera y a cargo de Insularia Teatro. La trama se contextualiza en unas clases de literatura en las que el profesor, Juan Manuel, atrapa la atención de uno de los alumnos: Andrés, un muchacho de dieciséis años que interroga y reta a su maestro. Las lecciones precipitan temas y discusiones acaloradas entre ambos, conversaciones íntimas y excursiones que los llevan a acercarse. La entrada general tiene un coste de 8 euros. El precio para estudiantes de la ULL será de 5, ambas se podrán obtener en TomaTicket.

Esta obra de la nueva dramaturgia argentina llega a la sala de la institución académica protagonizada César Yanes y Leandro González. El texto, original de Moro, fue el ganador del I Certamen Internacional Visible 2007, un concurso de escritura teatral en lengua española con temática gay y lésbica, organizado por la Sociedad General de Autores y la Fundación SGAE. La coreografía del evento estará coordinada por Sofía Privitera y, el juego de luces y el sonido por Alejandro Cedrés.

Insularia Teatro, profesionalidad y compromiso social


Insularia Teatro es una organización profesional del archipiélago canario para la reflexión, práctica y divulgación teatral fundada en 2014. El grupo, del que los actores son fundadores, nace con el objetivo de combinar la calidad artística con el compromiso social, la sensibilización y el entretenimiento. ​Entre sus reconocimientos la cuenta con el Premio al Mejor Espectáculo del Certamen Internacional de Teatro Noctívagos 2016, así como el galardón Especial del Público del mismo certamen, ambos con De hombre a hombre.

El trabajo de la compañía ha despertado el interés de encuentros internacionales como el Festival Internacional de Teatro de Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, o de emblemáticos espacios de la cultura de Latinoamérica como el Teatro Auditorium de Mar del Plata en Argentina. El grupo está compuesto por el director escénico Yanes, el actor González, y el dramaturgo Gerardo Barrios, esta organización desarrolla otros proyectos de dinamización cultural y social a través de las artes escénicas con una profunda vocación internacional.

 

De César a Leandro , ‘De hombre a hombre’, en la Universidad de La Laguna

Cultura / Ocio

Insularia Teatro lleva desde el año 2014 sobre los escenarios. Con el objetivo de hacer reflexionar y, sobre todo, divulgar el amor al teatro, llega al Paraninfo de la Universidad de La Laguna con De hombre a hombre.  La cita tendrá lugar el viernes 22 de junio a las 20.30 horas. En una clase de literatura impartida por el profesor Juan Manuel, Andrés, un alumno, se interesa por su maestro. Comienza así un juego de dos: el estudiante reta a su educador y viceversa. Finalmente, las diversas conversaciones y encuentros consiguen acercarlos. En esta historia, César Yanes y Leandro González son los actores protagonistas, además de ser algunos de los creadores de la compañía.

¿Cómo surgió la idea de fundar una compañía? CY: “Teníamos la inquietud de hacer un montaje de un texto,  De hombre a hombre. Lo habíamos visto en Madrid, en Lavapiés, en un festival LGTB. Me pareció un texto cautivador y dije ‘esto hay que traerlo para Tenerife y montarlo’. Ahí fue donde se nos ocurrió la idea de probar entre los dos, que ya nos conocíamos personalmente. Para la dirección quisimos contar con Lioba Herrera».

¿Por qué les pareció un texto tan interesante? CY: «Nosotros decimos que De hombre a hombre es una obra de temática LGTB, pero no solo de eso. También juega con las relaciones de poder entre profesor y alumno, con la capacidad de aceptarse en lo sexual y lo personal y en lo que nos define como personas. Porque en este caso la historia es de un profesor que no asume su sexualidad y, de pronto, un muchacho de 16 años de su clase empieza a interrogarlo: en un juego dialéctico lo acaba enamorando. En ese sentido, no hay persona que no se sienta apegada a eso”.

¿Cuál era la respuesta del público en vuestras primeras funciones? CY: “Tenemos una muy buena conexión con el público, conecta enseguida con nuestro espectáculo. Yo creo que, sobre todo, reconocen un trabajo muy honesto, muy bien hecho. Guardamos bastante respeto por este oficio, lo hacemos todo con mucho cuidado. No es solo la representación o interpretar durante una hora y media, es cuidar el espacio, saber cuándo lo vas a hacer, llamar al público, atraerlo, realizar una oferta atrayente de proyectos que cuenten cosas que quieran ver. De hombre a hombre es una Lolita contemporánea, pero en temática gay”.

«Es interesante que nuestros espectáculos no dejen indiferente a nadie»


De hombre a hombre es vuestra primera producción, ¿recuerdan el día del estreno? LG: “La estrenamos el 14 de marzo de 2015 en la Sala Timanfaya. Nos acogieron muy cariñosamente, nos dieron el espacio para la preparación y los ensayos previos antes del estreno durante toda una semana. Trabajamos como en casa. Es un espacio al cual, aún hoy, le guardamos mucho cariño. La compañía, por así decirlo, nació ese día. Era la primera vez que nos visibilizábamos como Insularia Teatro”.

¿Hubo algo llamativo ese día? CY: “Hay una anécdota. En la función, dos señoras que se levantaron y se fueron porque consideraban que aquello estaba, (cito literal) ‘muy choteado’. Es muy interesante que nuestros espectáculos, cuanto menos, no dejen indiferentes al espectador. Genera emociones, tanto para enamorarse de la historia como para rechazarla”.

También ha generado emociones positivas. Tanto es así, que incluso ganaron el Premio Especial del Público en el Certamen Internacional de Teatro Noctivagos 2016. ¿Por qué creéis que la obra ha gustado tanto? LG: “Creo que el texto está montado de una forma en la que el público forma parte de esa clase, del aula donde César Yanes hace de profesor y donde yo hago de alumno. La gente que ha pasado ya por esa fase educativa nos cuenta que hace un pequeño viaje en el tiempo y recuerda aquellos momentos donde estudiaban. Los adolescentes que asisten a este espectáculo están metidísimos. Digamos que está un poco escrito para ellos. Incluso gente más pequeña, niños, que han asistido acompañados de los padres, han salido encantados. El jurado popular, el que nos otorgó el premio del público, está conformado por gente de todas las generaciones. Los pequeños elegían nuestro espectáculo porque era el único que querían volver a ver. Yo creo que ver una relación, ya no amorosa, sino cualquier relación o juego teatral entre un profesor y un alumno es algo que ellos viven, que forma parte de su realidad”.

¿Cómo fue la preparación de esta producción? LG: “Digamos que tuvo dos partes. Una en la que se realizó una lectura dramatizada presentada en el festival Máscara de Icod. Como funcionó muy bien y el público respondió fantásticamente, nos lanzamos a la piscina y decidimos trabajar con Lioba Herrera que es una gran actriz del panorama de las artes escénicas de Canarias. Casi todo el trabajo de puesta en escena, escenografía, vestuario y música e ilustración estuvo trabajado en el momento de la lectura dramatizada. Con Lioba lo que principalmente trabajamos fue el proceso de interpretación: entender el porqué, trabajar el subtexto, conocer bien la psicología de cada personaje en cada caso y sacar todos los puntos claves del texto”.

«Ir al teatro merece la pena»


A nivel personal, ¿cómo prepararon el papel? CY: “Uno siempre intenta conectarlo con lo que uno tiene de sí mismo para empezar a trabajar el personaje. Yo, afortunadamente, siempre  he aceptado mis condiciones personales y vitales y no he tenido verdaderos conflictos a la hora de asumir quién soy. En ese sentido, juego más a lo que nos soy que a lo que tengo de censurador de mi mismo. Pero, personalmente, es un trabajo precioso el que me supone representar a Juan Manuel”.

Lo mismo ocurrirá en el caso de Leandro…  CY: “Me parece un lujo. Para mí es como abanderar durante una hora y media cientos de voces de jóvenes que están pasando por procesos de bullying en el instituto o conflictos internos incluso por estar en un momento en el que desean poder decirle al mundo lo que sienten o que aman de una manera diferente. Para mí Andrés significa la unión de todas esas voces. Una voz que es súper necesaria hoy en día, en un mundo el que aún hay muchísimos lugares en los que no se acepta la homosexualidad o cualquier orientación sexual y se castiga la forma de amar. Para mí es un orgullo, con doble sentido lo de orgullo, ja ja ja”.

¿Cuál es el mensaje final que pretenden dar al público? CY: “Muchos. El primero, que ir al teatro merece la pena, que es una experiencia increíble. Se están haciendo obras contemporáneas muy especiales que trabajan la realidad de las cosas. Hablan sobre la libertad de las personas, sobre el derecho a ser. Sobre todo, están hechas para emocionar, que es para lo que trabajamos. Al final, somos profesionales de las emociones. Buscamos que el público esa noche salga atravesado por el corazón, que algo les toque, por poco que sea”.

Leandro González y César Yanes. Foto: Sara Toj

Los dos se dedican también a la música, ¿cantáis en alguna ocasión? LG: “ En De hombre a hombre mi personaje canta un poco. Aún así, aunque no se cante tanto la parte musical y las canciones con texto que tienen algo que contar textualmente, tienen un protagonismo especial en la representación ya que ilustran los cambios de escena y sitúan al espectador en la historia entre Juan Manuel, el profesor, y Andrés, el alumno”. CY: “Para la compañía, la música un aporte muy importante y entendemos que forma parte también del encanto de la escena. En ese sentido la armonía, la expresión corporal, las imágenes, todo lo que pueda acompañar y sea necesario en el montaje lo utilizamos”.

¿Por qué eligieron el teatro como profesión? LG:” No me veo haciendo otra cosa. Me moriría si no realizara este oficio. Creo que la gran satisfacción que tiene encarnar otros personajes, el feedback que el público te da y la conexión que se crea con el compañero que esté en escena contigo es tan bonito y mágico que es imposible experimentarlo en otras labores de la vida. Esa razón es una de las principales junto con la de generar reflexión, crear en la escena… Cualquier manifestación ya sea música, interpretación, danza, puede hacernos pensar para cambiar el mundo en el cual vivimos y convertirlo en mejor”.

Lo cual no quita para que sea difícil, ¿no? CY: “Exacto. A mí me parece que es uno de los ejercicios más complejos intelectualmente que hay. Tienes que tener la capacidad necesaria de concentración, de empatía, de imaginación, de constancia, de seguridad, de desarrollo, del espacio, de dominio del espacio, de modulación de la voz, del cuerpo. Me parece un ejercicio muy completo. En lo personal, también es una satisfacción”.

Lleváis muchos años trabajando juntos. En primer lugar, Leandro, ¿cómo es trabajar con César Yanes? LG: “Él es un actor muy generoso en la escena, da mucho. Creo que eso ayuda a la persona que está en frente, a verse reflejado. También es una forma de retar. Él es muy bueno haciendo lo que hace y también es una forma de retarse para estar a la altura de eso que me está lanzando o tirando desde la representación. Al fin y al cabo es un juego como el tenis: él tiene una pelota, me la lanza y yo se la tengo que devolver con la misma fuerza y emoción con la que me la lanzó. Cuando eso no se consigue, creo que el espectador lo nota y entonces ves situaciones donde no hay feeling entre el elenco o los actores no se están escuchando y sueltan el texto por soltarlo. A parte de eso, César para mí es un maestro, no solo en el papel de Juan Manuel. Aprendo mucho viéndolo y eso me enriquece mucho.

De la misma forma, ¿cómo definirías a Leandro como compañero, César? CY: “En mi caso, añadiendo a todo lo que ya ha dicho él, me gusta el hecho que no lleva demasiado tiempo en esto  y tiene mucha ilusión. Eso le da una ternura a todo lo que hace, unas ganas de hacerlo, un descubrir, un ir siempre investigando… También es interesante verlo hasta cuando está en escena dudando, porque ves que está aprendiendo. Yo creo que es la mayor satisfacción. Somos una compañía que está aprendiendo siempre. A parte, es muy responsable en su trabajo, muy entregado. Creo que es el que nos pone los pies sobre la tierra siempre. A mí me toca imaginar, soñar, y él dice ‘baja, el dinero que hay es este, el montaje es este, la hora es esta’. Creo que esa complementación es importante”.

Una obra que rompe con los clichés


¿Qué se encontrarán los espectadores que acudan al Paraninfo el próximo 22 de junio? LG: “Es un texto muy actual, muy atractivo, dinámico. La puesta en escena es muy bella, sencilla, pero bella. Realmente se nos ve trabajar, que eso es muy rico de ver. Creo que sin lugar a dudas van a salir del recinto con ganas de ver más teatro y con la sensación de que algo les ha tocado de una forma u otra.  Somos una compañía canaria que ha estado por ahí, por el mundo moviéndonos y se trata de una de las últimas representaciones de De hombre a hombre y nos encantaría ponerle un broche final como se lo merece». CY: «Por añadir un par de cosas más, creo que deben venir a verla porque rompe con los clichés de cómo se trata a los personajes LGTB que, por lo general, son para ridiculizarlos o para utilizar tópicos que al final no llevan a ningún lado y que, en cualquier caso, esta obra muestra una verdad más allá de que sea una relación entre hombre y hombre, es una relación humana y es muy atrayente porque está llena de mucho humor, aunque tiene también sus partes dramáticas». 

Dos de sus producciones, De hombre a hombre (2015) y la reciente Federico y Salvador están estrechamente relacionadas con la comunidad LGTB. ¿Creen que la sociedad aún no es tolerante con este tema? LG:»En su totalidad, yo creo que las carteleras teatrales necesitan reflejar la realidad, y esta es muy amplia. Siempre nos muestran unas historias heteronormativas, chico conoce a chica y esas cosas que ya sabemos. Desde Insularia nos preocupan especialmente y vemos la necesidad de llevar a las carteleras, a los escenarios y al público, propuestas escénicas que hablen a los oprimidos.

¿Qué clase de oprimidos? LG: En De hombre a hombre queremos hablar a los adolescentes y al colectivo LGTB, en general». CY: «A nosotros nos inquieta sobre todo, hacer del arte un instrumento de emancipación, de concienciación, de libertad. Ahora que se persiguen hasta a los titiriteros o raperos, nosotros estamos en el camino de defender que el teatro se convierta en una trinchera de ideas, ya que no lo hace ni siquiera le periodismo, con todo el respeto. La televisión tampoco, el cine ha pasado a ser poco menos que una propaganda yankee… Pues que las tablas queden, por lo menos, como esa zanja donde reflexionar sobre temas esenciales, humanos… de dónde somos, a dónde vamos, las preguntas de siempre, las eternas preguntas».

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