La eutanasia o el suicidio asistido debería ser una opción para aquellas personas que no quieran seguir viviendo. Foto: PULL

¡No nos prohíban morir!

Opinión

Ángel Hernández fue detenido este miércoles tras haber ayudado a morir a su mujer, enferma terminal de esclerosis múltiple. Una vez más se abre el debate de la eutanasia, práctica que está penalizada en el Código Penal con condenas de hasta diez años de cárcel. En los últimos días, este nuevo caso ha sacado a colación si se debe legalizar o no la eutanasia en España. El PSOE había tramitado una proposición a la que el PP se opuso y que con la convocatoria de elecciones generales se paralizó. Debido a esto, ni Ángel ni su mujer quisieron esperar más.

Todos debemos tener la oportunidad de poder decidir cómo queremos seguir con nuestra vida o cuándo ha llegado el momento de acabar con ella. María José Carrasco llevaba enferma desde los 32 años. Ya había intentado suicidarse una vez, pero su marido la detuvo. Hoy por fin puede descansar en paz tras largas décadas de sufrimiento. Se encontraba en fase terminal y los cuidados paliativos apenas mitigaban su dolor. Es difícil ponerse en el lugar de los demás y llegar a entender por qué quieren poner fin a sus días. Pero no es motivo para que una ley decida por ellos. No sabemos el dolor con el que viven constantemente, postrados en una cama sin poder hacer nada, dependiendo íntegramente de otras personas para realizar acciones vitales como ir al baño o comer. Algunos incluso están sedados, en coma, a la espera de una muerte natural que, quizás tarde años en llegar. Esto no es vivir.

Animales sí, personas no


Aún se piensa con mentes muy tradicionales, religiosas, que creen que, si Dios te da la vida, solo él te la puede quitar. No somos capaces de empatizar con el dolor de los demás. Para ellos es una tortura tener que afrontar una enfermedad que apaga sus energías por momentos. Sin embargo, ¿por qué sí somos capaces de sacrificar a un animal cuando está sufriendo? Lo mismo que hacemos con nuestras mascotas cuando están enfermos, con las lesiones incurables de los caballos, heridas graves tras un accidente… Deberíamos hacer lo mismo con las personas. Si un animal tiene derecho a morir y dejar de experimentar un dolor agonizante, ¿por qué no una persona?

Es necesaria una regulación de la eutanasia o el suicidio asistido. Ya hay países en los que esto es posible, como Suiza, Holanda, Luxemburgo… Muchas personas deciden viajar a estos lugares para poder morir sin tener repercusiones legales. No es el caso de Ángel. Él quiso realizar este último acto de amor por su mujer, quien le había expresado su consentimiento múltiples veces. De hecho, grabó un vídeo en el que le preguntaba si realmente estaba segura. Es la única prueba que hay y que puede servir para rebajar su pena.

Como es lógico, toda ley debe tener unas condiciones. La eutanasia debe estar justificada para casos extremos como enfermedades irreversibles o sufrimiento intolerable. Además, el paciente debe estar en pleno ejercicio de sus facultades mentales y dar su consentimiento expreso. Salvo en casos de aquellos que estén en coma, quienes serían sus familiares los que deberían tomar la decisión.

Nada ni nadie debe tener el poder de prohibir nuestras decisiones personales, de establecer cuáles son los límites tolerables para nuestra salud. Luchemos por acabar con el suplicio de miles de personas. Luchemos para que la eutanasia no suponga una muerte clandestina.

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