Los músicos callejeros no han tenido ingresos durante la cuarentena. Foto: PULL.

La música se contagia de la Covid-19

Opinión

Este 2020 ha sido duro. El impacto de la Covid-19 ha hecho mella en la salud y en la economía. Un año diferente que se acaba. El sector cultural ha sido fuertemente golpeado durante los últimos meses y, en especial, la industria musical. Giras suspendidas, conciertos aplazados, aforos reducidos. Se están reinventando las fórmulas, se han hecho conciertos de pago por streaming, también gratuitos, se han vendido entradas en packs por mesas, se han hecho actuaciones para ver desde los coches o desde plataformas cercadas. Pero, aunque estas medidas hayan servido de amortiguación, todavía hace falta remontar.

La incertidumbre se ha convertido en una constante. Durante el verano empezaron a darse los primeros conciertos poscuarentena, se modificaron fechas, muchas se previeron para noviembre y diciembre. Ahora, en muchos lugares, se han vuelto a cancelar. Otros que se han celebrado se han visto envueltos en polémicas, como el de Taburete en el Starlite o el último de Raphael, que afectan a la imagen y la credibilidad de un sector comprometido con la seguridad. El estado anímico social cae a la vez que cae la industria musical. Puede que el ánimo por falta de música, puede que al revés.

Tampoco hay que olvidar al colectivo musical callejero que tuvo que suspender por completo su actividad y con ello sus ingresos. O al grupo cantautor que se servía de micros abiertos o pequeños locales culturales para darse a conocer. O el profesorado que vio canceladas sus clases o el alumnado que vio interrumpido su aprendizaje. Una pausa musical, un silencio.

La Federación de la Música de España ha reclamado en varias ocasiones la ayuda del Gobierno que, aunque con retraso, llegará con el Plan Nacional de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Además, esta organización elaboró un listado con 15 medidas esenciales y urgentes para la reactivación de la industria musical, especialmente legales.

«Todo ese despliegue de retroalimentación y solidaridad ha quedado sepultado por lo que ahora se llama fatiga pandémica»

No hay que olvidar la función que desempeñó la música durante la cuarentena. Cuántos salieron con sus instrumentos a tocar en balcones, cuántos conciertos se dieron a través de redes sociales con la única intención de hacer más llevaderos los momentos muertos. El mundo artístico es imprescindible para la sociedad y la sociedad para el artista. La música mantuvo el aliento.

Todo ese despliegue de retroalimentación y solidaridad ha quedado sepultado por lo que ahora se llama fatiga pandémica o quizá es solo la vuelta al individualismo. Es el momento de devolver el favor a la industria musical, promover la cultura segura. Pequeñas acciones al alcance de cada cual, desde no descargar música ilegal, pasando por asistir a conciertos respetando las medidas o apoyar a quien interpreta en la calle, hasta las inversiones o el mecenazgo.

Porque la música un instrumento único para pasar de feliz a triste a fiestero o melancólico. Nos permite viajar, crear, pensar, soñar, escuchar. Pero hay que cuidarla y seguro que obtendremos recompensa, porque durante las malas épocas se cultivan las más grandes creaciones.

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