Imagina un circo sin animales

Opinión

¿Alguien recuerda el accidente del pasado 2 de abril? Tras un fallido adelantamiento en la A-30 de Albacete, cinco elefantes salieron despedidos por el aire, de los cuales uno falleció. Ante esta barbarie, resurgió una polémica que viene de unos cuantos años atrás: El circo sin animales. Después del accidente, en los medios de comunicación y redes sociales se respiraba un clima de indignación por parte de la población española. PACMA, partido animalista contra el maltrato animal, elaboró una petición para que el Gobierno prohíba al Circo Gottaniusar animales en sus espectáculos, además de ofrecerles un retiro digno, sobre todo, a los protagonistas de esta historia.

El manifiesto ya cuenta con mas de 273 617 firmas, pero mientras tanto, ¿cuál es la situación actual de los paquidermos? Mientras políticos y circenses se pelean entre sí por lo que es mejor para los animales, nos olvidamos de la realidad a la que se enfrentan estas criaturas.

Thai, Belinda, Baby y Pira, las elefantas que sobrevivieron al choque, ahora mismo están encadenadas sin importar cuánto puedan escocer sus heridas. Una carpa no es suficiente espacio para correr y, mucho menos, lo es para reparar los daños psicológicos. Sus miradas tristes desvelan lo perdidas que están en todos y cada uno de los sentidos porque, aunque se consiga dejarlas en libertad, su vida ya está truncada por un pasado irreparable.

Desde que son apenas unas crías, los arrancan de su hábitat y de sus madres para encarcelarlos en jaulas que oprimen su derecho a la libertad. Pero, por si fuera poco, son sometidos a entrenamientos o, mejor dicho, torturas para convertirlos en “artistas del circo”. Este brutal proceso de formación tiene como idea principal romper el espíritu del elefante. Para ello, emplean herramientas como bullhooks, palos que tienen en su punta un gancho afilado que clavan sin piedad en la gruesa piel del paquidermo hasta instruirlo a base de derramar su sangre. También se ven obligados a adaptar posiciones antinaturales subidos a una plataforma que, en comparación con su tamaño, es un acto forzosamente ficticio.

¿Cómo un animal tan grande puede llegar a ser tan indefenso? Por eso mismo, tenemos la responsabilidad de darles voz y ser conscientes de que no son marionetas creadas para el entretenimiento. Sí, son criaturas salvajes, pero también tienen familia y un ciclo de vida que no debemos interrumpir. Los elefantes no nos pertenecen.

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