El 'Programa de Ana Rosa' emitió programación especial con el rescate. Foto: PULL

Había una vez un circo

Opinión

“Había una vez un circo que manchaba nuestra profesión, falto de rigor, un mundo de estupor, pleno de morbismo y de show“. No quisiera robarle la canción a los míticos Payasos de la tele, pero se me torna complicado no acordarme de ella y adaptarla tras el circo mediático del caso Julen, el niño de dos años que falleció tras caer a un pozo ilegal el pasado 13 de enero en Totalán (Málaga). El show no siempre debe continuar, a diferencia de lo que decía el gran Freddie Mercury. La espectularización generada en torno a esta tragedia invita, cuanto menos, a la reflexión profunda de nuestra profesión: ¿Todo vale en el periodismo? ¿Se tienen en cuenta los códigos deontológicos?

Como si de una historia de trece capítulos se tratara, las cadenas de televisión de nuestro país (algunas más que otras) se han encargado de narrar y lucubrar teorías vergonzosas para llenar horas y ganar audiencia con lo que bien definió el escritor y periodista Juan Cruz: “Morbismo relamido”. Un término que parece que es ya nuestro como la siesta o la paella… Triste, muy triste. Tanto como la futura serie de La Manada.

Han pasado 25 años del crimen de Alcásser, momento que muchos expertos apuntan como el nacimiento de la telebasura y, siguiendo con la adaptación de referencias musicales, Como no hemos cambiado. Durante cerca de dos semanas, hemos vivido un auténtico bombardeo informativo. Programas como Sálvame o Ahora Caigo, con poca relación a un tema de estas características, a priori, lo han puesto de protagonista, ya sea con una programación especial, conexiones tipo minuto y resultado, debates absurdos, o con una ventanita para que nadie se perdiera un segundo del heroico rescate. Panem et circenses.

Un ten years challenge desolador


Con todo, ¿en qué lugar queda la deontología profesional y el respeto a las víctimas-familiares? La presidenta del Consejo Audiovisual de Andalucía, Emelina Fernández, se pronunciaba hace unos días y defendía un documento aprobado en 2009 con normas básicas para los medios. No hace falta avanzar mucho para darse cuenta que lo han ignorado por completo. Un ten years challenge desolador.

En el punto cinco del escrito lo dejan claro: “Toda información sobre tragedias y hechos luctuosos, y especialmente aquella que afecte a menores, debe evitar la elaboración de hipótesis, divulgación de rumores, así como aportar datos que puedan genera confusión” y, en el seis, mucho más: “Abstenerse de la espectacularización de los sucesos mediante injustificadas reiteraciones, no abusar de las conexiones en directo cuando no se haya producido una novedad…”.

Se ve que a más de uno se le ha olvidado leerlo o, quizás, sufran algún tipo de amnesia que les impide darse cuenta del compromiso con la sociedad, la importancia de la ética profesional, así como de la influencia que tienen los profesionales de la comunicación. Cuarto poder, contrapoder, da igual, pero tenemos un arma bastante fuerte en nuestras manos que debemos aprender a usar. Apaguemos las cámaras y nuestros televisores. Nunca es tarde.

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