Sala de cine
Sala de cine. Foto: PULL

El olor a cotufas

Opinión

El cine hace mucha falta. Cuando la realidad nos hastía y las noticias nos abruman, las películas son una vía de escape. Nos sacan de nuestra rutina y abren la puerta a nuevos mundos, nuevas historias. Nos acercan a personajes y vidas diferentes. Las películas tienen la capacidad de hacernos desconectar, al menos durante unas horas, del mundo que nos rodea. Y ahora, que  necesitamos más que nunca evadirnos de la realidad, siguen estando ahí para contarnos historias donde todo es posible.

El cine se ha convertido en uno de nuestros mejores aliados durante el confinamiento. Hemos seguido disfrutando de grandes estrenos aún cuando todas las salas del mundo colgaban el cartel de cerrado. ¿Cómo es posible vivir una experiencia cinematográfica sin ir al cine? Es una pregunta retórica pero todos tenemos la respuesta en la cabeza: Netflix.

Es un hecho que Netflix nos ha salvado del aburrimiento. Durante más de dos meses la plataforma de streaming ha sido nuestro mejor socio en la batalla, no contra el virus, sino en esa que libramos todos a los que nos ha tocado quedarnos en casa: las largas tardes de confinamiento o las noches después de las intensas jornadas de teletrabajo.

«¿Son los estrenos en streaming el futuro? ¿Están salvando al cine o arruinando a la industria?»

Aunque las series siguen liderando el fenómeno Netflix alrededor del mundo, cada vez son más las películas originales que produce la plataforma. Durante esta etapa tan complicada para el mundo de la cultura, Netflix ha seguido estrenando contenido con normalidad, y obteniendo unos resultados que, favorecidos por la situación, claro, le están haciendo replantearse muchas cosas a la industria del cine.

La pregunta es necesaria: ¿son los estrenos en streaming el futuro? ¿Están salvando al cine o arruinando a la industria? Y, lo más importante, ¿significa esto que las salas de cine tienen los días contados? Hasta un director de la vieja escuela como Scorsese se ha animado a estrenar en streaming (El Irlandés, 2019).  Y esta no es la única gran producción de Netflix.  En los últimos Óscar hasta ocho largometrajes originales de la plataforma fueron reconocidos por la Academia de Cine. Acumularon un total de 24 nominaciones. Eso sí, de las 24, solo salieron dos estatuillas.

Y es que la Academia de Hollywood aún se muestra algo reacia a la hora de valorar positivamente a las películas que no se estrenan en cines. No por temas de calidad, está claro, el problema es la taquilla. Steven Spielberg, uno de los directores más importantes  del cine actual, ya criticó en 2018 el modelo de negocio de la plataforma y el modo en el que está rompiendo las reglas tradicionales de producción y distribución de las películas. Netflix contraatacó con este mensaje: «Amamos el cine. Estas son otras cosas que también nos gustan: acceso para gente que no se puede permitir el cine, o vive en pueblos sin cines; dejar que todo el mundo en todas partes disfrute de los estrenos a la vez; dar a los cineastas más formas de compartir su arte».

«Ir al cine es mucho más que ver una película, es una experiencia para los sentidos»

El debate sigue abierto y los argumentos de Netflix son muy acertados. Disfrutar de los estrenos desde casa tiene muchas ventajas, sin embargo, hay películas que son concebidas para ser estrenadas en salas de cine y para ver en pantalla grande.  Y hay cosas contra las que ninguna plataforma de streaming puede luchar.

Ir al cine es mucho más que ver una película, es una experiencia para los sentidos. Una experiencia que comienza cuando compras las entradas y que no termina cuando encienden las luces, sino que se prolonga hasta que llegas a casa. No hay que perder la bonita costumbre de quedar con amigos, sentarse en una sala rodeados de gente y disfrutar de un par de horas de arte y entretenimiento. No por un tema de recaudación o de taquilla, sino por una cuestión de experiencia, de vivencias, de emoción. Puede ser muy cómodo ver una película desde el sofá o desde la cama, o verla en cualquier parte a través un teléfono móvil, pero no es comparable a verla desde una butaca y en pantalla grande.

Ir al cine no es solo ver una película, también es el trayecto, la cola de las entradas, el olor a cotufas, los carteles de los estrenos y los murmullos de la gente.

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