Cuestión de pelotas

Sociedad

La presencia de la mujer en el deporte rey, tanto en medios de comunicación como en la vida cotidiana, es minúscula en comparación al balompié masculino. Por eso, no es de extrañar que hasta el 2016 no formaran parte de la Asociación de Futbolistas Españoles, la cual les dio su total apoyo y financiación a partir de esa fecha. Las alumnas de la actividad de futsal del servicio de Deportes comparten la misma pasión que el resto de los integrantes masculinos, aunque su desempeño y participación no es igual. Los hombres aprenden las bases del fútbol desde que están en primaria, donde las plazas y el patio del recreo son su escuela. En cambio, ellas lo tienen más complicado.

Carla Díaz una de las alumnas inscritas en la actividad siempre ha sentido fervor por este juego. Cuando era pequeña deseaba apuntarse a un equipo. Al preguntarle a su padre este le respondió con una negativa, pues para él, “eso es de machonas”. No fue hasta 2017, a sus 19 años, que decidió practicar este deporte y dejar de ser una mera espectadora. Por el contrario, Judith Rodríguez milita en equipos deportivos desde los 7 años, así que es la que más trayectoria y técnica futbolística tiene de las chicas. Ella se siente integrada en la actividad, pero reconoce que al principio cuesta jugar con los chicos, porque ellos llevan más años jugando y suelen ser más competitivos.

Otro testimonio es el de Mervi Arrocha y Leticia Díaz que se sienten un poco perdidas con los términos específicos como “las paralelas, las diagonales o algunas tácticas y ejercicios”. Y no es para menos, según ellas “lo más redondo que habían visto antes era una caja de zapatos”. Leticia Díaz, por su parte, se siente un poco ignorada y subestimada por la parte masculina. Opina que los jugadores no entienden que ellas no están acostumbradas a practicar con el balón. En su caso desde los seis años practicaba gimnasia artística, deporte que se contrapone al fútbol por su mesura, precisión y sofisticación. En cambio, el futsal parte de su rudeza, rapidez y lucha contra un adversario, en el que los choques y golpes están a la orden del día.

Carla Díaz tardó en practicar este deporte por los prejuicios de su padre


Jaime Hernández lleva tres años apuntado en esta actividad. Él reconoce que al principio es más difícil jugar con ellas y pasarles el balón, pero cuando adquieren un poco más de habilidad se integran mejor. Así que, no considera que se las excluya o ignore, simplemente su competitividad les hace querer jugar mejor y por eso le pasan el esférico a quien juegue mejor.

La competitividad suele estar presente en los deportes, pero no quiere decir que sea positivo. Dentro de las teorías clásicas de la Psicología Deportiva, John Houston, Paul Harris, Sandra McIntire y Dientje Francis concluyeron en su texto Revising the Competitiveness Index Using Factor Analysisque (2002) que es un factor negativo, que pretende “validar la superioridad de uno sobre la inferioridad de otros”. Por lo tanto, si en las bases deportivas de la actividad se advierte que “en este deporte pueden participar todo tipo de personas, da igual la experiencia en el mismo”, y que solo “es necesario, traer ropa cómoda y deportiva, además de ilusión y ganas”, entonces, ¿por qué influye más la necesidad de ganar que de aprender y pasárselo bien?

El fútbol de salón es un deporte colectivo, y para que un equipo funcione bien todos sus integrantes deben trabajar como una máquina coordinada. Prescindir de piezas de la maquinaria debilita o anula el funcionamiento de esta. Tanto hombres y mujeres forman parte del engranaje de la actividad fútbol sala impartida por el servicio de Deportes. La competitividad no es excusa para la exclusión.