“Si una canción se convierte en refugio, deja de ser del autor y es vuestra”

Cultura / Ocio

Pasaban quince minutos de las ocho de la noche cuando se atenuaron las luces que iluminaban el local La Cascada de Santa Cruz de Tenerife. El telón lateral se abrió dejando paso a DJ Mesh, quien ocupó su puesto en la mesa de mezclas, una aparición que anticipaba a los asistentes que en breves instantes David Martínez, Rayden, el poeta y rapero español, entraría en escena.

La sala se inundó con Alirón, la canción introductoria de Antónimo, el álbum que el cantante presentó este fin de semana en Canarias. Finalmente, al ritmo del sonido ensordecedor de los más de 300 asistentes, el artista apareció acompañado por el cantante Mediyama.

Con los tres sobre el escenario, comenzó el concierto. Un encuentro donde la complicidad con el público fue la auténtica protagonista. Vestido con unos vaqueros negros, una camiseta color vino, unas deportivas blancas y rodeado de una escenografía simple, Martínez centró toda la atención en sus letras y en su voz.

Rayden: “Bailad como si fuese el último baile de vuestra vida, para celebrar que estamos vivos”


La cita comenzó con No hago rap. Dado al estilo personal que Rayden ha desarrollado dentro del mundo del hip-hop, ha recibido críticas por parte de algunos sectores que aseguran que no se trata de rap. Esta canción de su nuevo disco es una defensa de su forma personal de ver este género, una visión que rompe con los estereotipos que, a menudo, etiquetan la música.

El momento más familiar llegó pronto. Con Mi primera palabra, una canción dedicada a su madre, y Pequeño torbellino, escrita para su hijo, Martínez supo llegar directamente al corazón de los presentes, quienes escuchaban entre alguna que otra lágrima. “En especial, para aquellos que han perdido a sus madres, va para vosotros”, añadió el poeta.

A mi yo de ayer también lideró uno de los instantes clave de la noche. Una pieza esperada por el público que cantaba al pie de la letra con fuerza. “No sé qué pensaría de mí mi yo de diez años, pero si supiera que a kilómetros de donde se crió habría gente coreando sus canciones pensaría que sois la hostia”, agradeció Rayden.

«Los más valientes del cementerio»


La reivindicación de los derechos sociales es uno de los rasgos que caracterizan las letras del rapero. Meteorito o Pan, circo, ajo y agua son algunos de los temas que forman parte de este grupo de canciones que se convierten en la voz de la lucha contra la manipulación mediática, la corrupción política y empresarial, y también contra problemas como el machismo, la xenofobia o la homofobia.

En los últimos días, el cantante se ha visto inmerso en una polémica con el programa de televisión El Hormiguero. El debate comenzó en la red social Twitter, donde una seguidora le pedía que acudiese como invitado, a lo que él respondió que no iría a una producción en la que se cosifica a la mujer. Valiéndose de esta anécdota, presentó Malaria, en la que se enumeran males mundiales como la explotación de recursos de países en vías de desarrollo, el auge de las políticas de derechas en Occidente, las agresiones homófobas o la desvalorización que sufren las mujeres en su trabajo.

Por su parte, Pólvora Mojada y Haciéndonos los muertos se han convertido en auténticos himnos en los últimos meses. La primera por su rabiosa actualidad, al seguir una temática vinculada a la relación que se ha construido entre el terrorismo y la crisis de refugiados. La segunda es una invitación al pueblo a no dejarse engañar y a luchar por los derechos que le corresponden. “Seremos los más valientes del cementerio”, cantaron al unísono Rayden y el público durante el estribillo.

«Soy porque somos»


Durante su aparición, el artista quiso dejar un mensaje de unión y de cooperación entre las personas como única vía para alcanzar el avance conjunto. Para ello, cantó Ubuntu, una canción que desvela la importancia de la figura de los demás para el progreso individual. “Recordad que soy porque somos. Ahora agarrad a las personas que tenéis a vuestro lado y saltad como si no hubiera mañana”, pidió. Además, insistió en la necesidad de compartir la música con sus seguidores, y de lo que siente cuando ellos se sienten identificados con sus producciones. «Si una canción se convierte en refugio, deja de ser del autor y es vuestra», aseveró.

En el ecuador del concierto, Rayden desapareció para dejar al público a solas con Mediyama, quien hizo una apelación al amor sano y exento de toxicidad como auténtica base de las relaciones interpersonales. “Cuando quieres a alguien solo buscas que sea feliz”, dijo.

Una de las últimas canciones fue Sastre de sonrisas, un clásico del cantante. “Ayer fue el día mundial de la sonrisa, pero debe serlo siempre”, añadió. Con el ambiente impregnado de buena energía se fue acercando el final. El encuentro concluyó con Matemática de la carne. Las últimas palabras de esta canción sirvieron para resumir las dos horas de actuación: “final feliz”.

Tras agradecer a los presentes y a la organización, Rayden, Mediyama y DJ Mesh bajaron del escenario para bailar con el público. “Bailad como si fuese el último baile de vuestra vida, para celebrar que estamos vivos”, se despidió Martínez.

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