El profesor de Literatura de la ULL colaboró en 2015 con la editorial Diego Pun en una adaptación de 'Don Quijote de La Mancha'. Foto: A. R.

Benigno León: «Nunca han existido fórmulas sobre calidad literaria»

Artes y Humanidades

Son las vísperas. Las plazas se adornan con numerosas carpas blancas resguardando en su interior las últimas novedades literarias. Se erigen pequeños escenarios desde los que se alzan voces dispuestas a dejar escapar algún verso. Los colegios se unen a la marcha y convocan actividades relacionadas con las letras para así contagiar a los alumnos el espíritu aventurero y entusiasta que requiere un buen lector. El día 23 de abril, Día Internacional del Libro, va colándose por las angostas callejuelas de las grandes ciudades, por las aparentemente olvidadas entradas de las bibliotecas y por los orejas de cualquiera.

Ante esta invasión, pocos podemos contener las ansias de conversar sobre la «inutilidad» de la literatura, la situación actual de la novela, la herencia de Cervantes o las pistas para saber cuándo nos encontramos frente a una gran obra de arte.Así que, obedeciendo a los dictámenes de esta fecha, charlamos con Beningo León Felipe, profesor de Literatura Española de La Universidad de La Laguna y doctor en Filología Hispánica, para ir adentrándonos, poco a poco, en la atmósfera que nos deparará cualquier feria del libro.

El filósofo Derrida llegó a decir que no hay literatura sin democracia, ni democracia sin literatura. ¿Está de acuerdo? “Habría que reconocer que como frase está genial y seguro que hay una larga y profunda reflexión sobre estos dos conceptos. Pero yo creo que para poder explicarla y justificarla debemos plantearnos algo que tampoco tiene una respuesta sencilla: ¿Qué es la literatura y para qué sirve? En principio, desde un punto de vista práctico no sirve para nada. Podríamos vivir perfectamente sin haber leído un poema, un cuento o una novela. Pero deberíamos resaltar que algo tan inútil exista desde los orígenes de los tiempos. ¿Qué conclusión extraemos de ello? No es sencillo de explicar cómo conjugamos esa dicotomía entre algo aparentemente tan inútil y por otro lado tan útil, ya que ha permanecido desde nuestros inicios».

Parece ser que es imprescindible la actividad artística. «Sí, se demuestra que es imposible prescindir de la actividad creativa e imaginativa, de la expresión artística. Podríamos afirmar que no habría democracia sin arte, ni arte sin democracia. De todas formas, eso requiere muchísimas matizaciones».

¿Considera que la literatura contemporánea está en crisis? “La crisis de la literatura y del arte lo estoy oyendo desde que tengo uso de razón. Desde que empecé en la facultad y empecé a plantearme estas cuestiones. Desde aquella época ha estado en quiebra. Por ejemplo, el teatro siempre ha estado en apuros. Ha sido el género literario al que más veces se le ha colgado el San Benito de estar en situación crítica permanente. Y ahí está, sigue vivo. Me acuerdo que cuando se generalizó la televisión, se activaron las alarmas para los teatros. Pero este género sigue funcionando perfectamente a pesar de que cada vez haya más dispositivos electrónicos. Por lo tanto, me parece que es una especie de tópico afirmar que el arte siempre está en crisis”.

¿Entonces, podríamos decir que las producciones literarias, en la actualidad, no afrontan una crisis? “Desde el punto de vista de la narrativa, de la novela, podemos hablar de que atravesamos una época en la que no abundan las grandes obras. Estamos en un momento de producción literaria muy acomodaticia. Se sigue escribiendo según los cánones de las generaciones anteriores y no ha irrumpido un movimiento de cierta renovación de la escritura general literaria, poética o narrativa. Habría que subrayar que la novela últimamente no nos está ofreciendo títulos que con el tiempo se puedan convertir en clásicos. Creo que lo mismo le sucede al cine. Ambas corrientes artísticas están llevando una evolución bastante paralela y proporcionando ejemplares de baja calidad”.

“La historia mundial de la edición está llena de grandes meteduras de pata”


¿Y qué requisito debería tener un buen texto literario? “Que esté bien escrito. Primero que haya acertado en el contenido. Y en segundo lugar, que ese relato esté narrado de la forma más adecuada para que llegue con más intensidad al lector. Nunca han existido fórmulas sobre calidad literaria. El punto de excelencia es el talento del escritor. Si se da el caso, de que hay una persona con esa habilidad y en un momento determinado decide volcarlo sobre el papel pues le saldrá una obra genial y posiblemente será un clásico con el tiempo. Pero no es fácil. Imagino que los editores tienen un papel muy complejo para ver si publican o no determinados libros. La historia mundial de la edición está llena de grandes meteduras de pata”.

¿Recuerda algún ejemplo? “García Márquez, sin ir más lejos, tuvo algunos problemas para publicar sus primeras novelas porque resultaban un tanto extrañas y algunos editores no supieron captar que ahí había un talento. Cabe mencionar que a lo largo de la historia hay muchísimos ejemplos de grandes autores que fueron rechazados. U obras que se publicaron, pero que después los lectores no las supieron apreciar. Y que con el transcurso del tiempo esas creaciones fueron recuperadas. Por ejemplo, La Lozana Andaluza de Francisco Delicado, una novela del siglo XVII, que en su momento se consideraba que rozaba la pornografía y recibió múltiples críticas. Y, sin embargo, fue descubierta durante el siglo XX y se reconoció que era un gran libro que había pasado muy desapercibido”.

¿Al Quijote no le ocurrió algo similar?  “Sí, es una anécdota que suelo comentar y que a su vez me la dijo a mí un catedrático de crítica literaria en la carrera. Se cuenta la historia de que un miembro de la realeza francesa vino a Madrid a hacer gestiones propias de su cargo y desde que llegó a la capital lo primero que hizo fue preguntar dónde estaba Miguel de Cervantes, el autor de Don Quijote de la Mancha. Y en España le dijeron que por qué él y no otros autores que eran más reconocidos, como Lope De Vega o Calderón de La Barca. Pero el extranjero quería conocer a Cervantes, que en aquella época era un autor del que se sabía que había publicado algunas obras de teatro y novelas. E incluso una, con ciertos tintes de entretenimiento, llamada: El Quijote. Que no fue leída ni interpretada adecuadamente por sus coetáneos. Y que significó el origen de la novela moderna».

Don Quijote de La Mancha en un libro álbum


En relación con Don Quijote de la Mancha, en 2015 colaboró en la elaboración de un libro álbum para Diego Pun Ediciones, junto al escritor Ernesto Rodríguez Abad y el ilustrador mexicano Luis San Vicente. Y que ha sido de las producciones más aclamadas de esta editorial. ¿Por qué se embaucaron en este proyecto? “Fue algo curioso y extraño. Diego Pun Ediciones es una editorial situada en Gran Canaria, muy cercana al Festival Internacional del Cuento de Los Silos y creada por Cayetano Cordobés y Ernesto Rodríguez Abad. Al primero se le ocurrió la idea de elaborar un libro álbum sobre este clásico, ya que el Festival de Cuentos de ese año, estaba dedicado a la figura de Cervantes. Y tuvo la idea, como buen editor, de aprovechar esa oportunidad. Sin pensarlo mucho, decidimos intentarlo».

¿Y no les resultó difícil? «Hacer un libro álbum del Quijote no es fácil. No es que sea una gran novela, es la novela. Es amplia, compleja y polivalente. Tan solo teniendo en cuenta la figura de un personaje que se vuelve loco por leer…, desde ahí surgen interrogantes”.

¿Cuánto tiempo le dedicaron a la elaboración?  “Le dedicamos mucho tiempo al asunto. Lo releímos por enésima vez y pensábamos en cómo ese texto podía trasladarse a las tres docenas de frases en que se apoya un libro álbum. Así que le dimos muchas vueltas. Además, hay que reseñar que enfrentarte a un clásico de la talla del Quijote, te acojonaba todavía más. Porque cómo vamos a resumir en tan poco todo lo que supone esta historia. De entrada partimos de un respeto máximo hacia el autor y a su obra. Y de repente, se nos ocurrió que podríamos hacer el libro álbum realizando previamente una selección de las frases más significativas del texto cervantino. Pero cuando ya habíamos avanzado en el trabajo nos dimos cuenta de que por ahí no íbamos a ningún lado. El resultado final eran frases bien seleccionadas pero que unidas carecían de una lógica narrativa”.

¿Y qué hicieron? “Optamos por hacer nuestra particular lectura del Quijote. Es decir, escribir con nuestro propio discurso la visión que nosotros queríamos que tuviera. Aunque alejarnos de Cervantes podría parecer una herejía para dos cervantistas, como somos Ernesto y yo. Incluso, había que ser conscientes de que Alfonso Quijano es una figura referencial, que cualquier lector conoce. Así que no podíamos darle un giro total. Y así fue cómo iniciamos la redacción de esas frases que además de tener coherencia, debían contar una historia. En definitiva, resolvimos la cuestión”.

¿Les ha sorprendido el reconocimiento de su particular visión del Quijote? “Sí, sobre todo la aceptación que ha tenido en todas las ferias y la buena acogida por parte de críticos y editores de libro álbum. Ha sido una pequeña sorpresa porque, en principio, nuestra intención no era que se convirtiera en el libro estrella de la editorial. Pero así ha sido. Tengo que destacar, que en la Feria del Libro de Bolonia, hace tres o cuatro años, a un editor le gustó y la editó en lengua croata. Y también están vendidos los derechos para editarlo en China. Aunque, no sabemos exactamente en qué fase está. Además, hay algunas ofertas para traducir nuestra adaptación a algún otro idioma”.

¿Podría resumirme su visión personal del Quijote? “El personaje del Quijote es tan rico, posee tantos perfiles y es tan interesante.  Yo como lector, cada vez que lo leo, descubro a un nuevo Alfonso Quijano. Así que no tengo una única visión, tengo muchas. Y eso es uno de los secretos y posiblemente de los criterios más interesantes que tiene que aplicarse un lector”.

«¿Por qué una obra destaca de las demás? Porque siempre que la lees descubres rasgos nuevos»


¿Qué criterio? “¿Por qué una obra destaca de las demás? Porque siempre que la lees descubres rasgos nuevos. Si tú lees una novela y la agotas en una primera lectura podrá ser más o menos interesante, pero si la terminas y la relees sin que te diga absolutamente nada nuevo, entonces pertenece al montón. Sin embargo, cada vez que cojo el Quijote y lo abro por la página que me apetezca sigo encontrando aspectos que continúan entusiasmándome. Es el criterio fundamental para decir que estás ante una gran libro, que sobresale del resto. Si tú vas a ver una película y sales del cine con ganas de verla de nuevo es porque consideras que no la has descifrado en su totalidad, posiblemente estés ante una gran creación. Ahí estamos hablando del verdadero arte, de la excelencia».

Gran parte de sus estudios se han centrado en la poesía en prosa. ¿Podría explicarla? “Se trata de un género autónomo, que tiene la misma consideración que la poesía, pero que en vez de escribirse en verso, que suele ser lo habitual, se escribe en prosa. Aunque este parte con la dificultad de que los lectores asociamos siempre el concepto de poesía con el verso. Establecemos inconscientemente que siempre va escrita de esta forma. Por lo tanto, se parte con esa complejidad desde el punto de vista de la consideración del lector. La gente se preguntaría: ¿La poesía se puede escribir en prosa? Pues sí”.

“La poesía por definición es intraducible”


¿Y el poema en prosa tuvo inspiración del desarrollo de las traducciones? “Como género moderno y contradictorio en su propia definición es un oxímoron. Suele ir asociado a ámbitos urbanos y ha tenido bastante influencia en su origen y desarrollo de las traducciones de poetas de otros idiomas”.

Recuerdo un fragmento de la película Nostalgia, de Andrei Tarkovski, en la que uno de sus personajes explicaba de forma elocuente que la poesía es intraducible. ¿Está de acuerdo con esa afirmación? “La poesía por definición es intraducible. Como traduces de un idioma a otra la rima o el número de sílabas. No puedes. Por lo tanto, cuando se traduce a otra lengua lo que sucede es que traducimos el contenido y tratamos de imitar la forma. Las pautas isosilábicas que tiene el verso en español no son las que tiene el verso en francés, inglés o italiano. Pero el valor de lo que supone la sílaba y la rima, que son los recursos básicos, son distintas. Por lo tanto es intraducible”.

“No pienso que la bondad vaya asociada a la cultura”


En la actualidad se registran altos índices de consumo en plataformas, de contenido audiovisual, como Netflix o HBO. ¿Considera que el cine y las series han solapado a la literatura? “Creo que son dos códigos de comunicación, que desde que se inventó el cine han convivido apaciblemente. Incluso, se han retroalimentado. Es más hay un porcentaje muy alto de películas cuyos guiones son adaptaciones de novelas. O bien hay una crisis de guionistas o resulta más cómodo trasladar un texto literario a la gran pantalla. Por lo tanto, son dos lenguajes que desde que coexisten se han complementado. Así que no creo que una solape a la otra, sino que son maneras distintas de narrar una historia”.

El barómetro de hábitos de lectura y compra de libros de 2018 indica que un 32,8 % de los españoles no lee nunca. ¿Qué le sugiere esta información? ¿Le parece que hacen bien? “Quién soy yo para decir si hacen bien o hacen mal. Siempre la lectura se ha asociado a algo positivo. Se suele entender que alguien que lee mucho es lógicamente más culto y mejor persona. Yo he conocido a gente muy culta y sin embargo han sido unos grandes bichos. Así que no pienso que la bondad vaya asociada a la cultura. Creo que algunas veces se sobrevalora el concepto de lectura, en general. Pero habría que discernir de qué hablamos cuando hablamos de ella. Podría ser la del periódico deportivo o la de poesía, teatro, novela, ensayo… Habría que matizar exactamente de qué tipo».

“Siempre que se obligue a leer estamos haciendo un flaco favor al alumno y al libro”


¿Qué opina de esa pedagogía que defiende la obligación de la lectura? “Los que somos lectores adictos, lo somos porque disfrutamos leyendo. Si no es así, no leas. Lo que no puede ser la lectura es un acto desagradable, que hagas por obligación. Por eso algunas veces los profesores de literatura cometemos el error de obligar a leer. Nunca se debe obrar de tal manera”.

¿Y que debería hacerse? “Tú debes contagiar el placer de la lectura. Que sea el alumno el que por propia iniciativa acuda a los libros y descubra lo que ellos le pueden contar. Siempre que se obligue a leer estamos haciendo un flaco favor al alumno y al libro. Sin embargo, yo sí les hablaría de la obra e incluso, con mala leche, les diría que no lean una determinada. Cuando prohíbes algo, despiertas el interés. Algunas veces funciona. Es mucho mejor que narres tu experiencia como lector de una novela, que descubras algunos detalles, pero dejarlo ahí. No terminar la clase mandando un resumen para dentro de tres meses. El que quiera y comience a entusiasmarse al leerlo, al final del curso hablamos. Si obligas, ya entras a regañadientes. En vez de sembrar la semilla para transformar a un alumno en lector, estás haciendo lo contrario. Estás desarrollando un antilector”.

 

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