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junio 04, 2019

Tres estudiantes y un mismo sueño

Sociedad
Laura Rodríguez y Juan González estudiantes de enfermería en la ULL. Foto: D. Martín

La Enfermería es la ciencia que se dedica al cuidado y atención de los pacientes en la sanidad. Se trata de una profesión puramente humanitaria y muy vocacional en la que se aprende constantemente, muchas veces de manera autónoma. En esta ocupación, al igual que en cualquier otra, no todo el mundo está capacitado para atender a las personas que acuden a un centro médico, sea por el motivo que sea. Laura Rodríguez, Juan González y Laura González, estudiantes de Enfermería en la Universidad de La Laguna, nos cuentan su experiencia, sus inquietudes y la pasión que sienten por esta labor en la que tratan de manera directa con la vida.

Estos tres alumnos tenían claro desde un principio que querían dedicar su vida a la rama de la salud. Juan, que cursa ahora mismo tercero, dudaba entre Enfermería, Farmacia, Fisioterapia o Medicina. Laura González se considera así misma como «médico frustrada», pues comenta que su principal objetivo era entrar en el grado de Medicina, pero no fue así. Sin embargo, accedió en lo que actualmente estudia con la idea de cambiarse tras acabar el primer año. Pero la vida siempre sorprende, y para Laura, esta fue su mayor sorpresa, darse cuenta que realmente era esto a lo que quería dedicarse como profesional.

«Un día una enfermera impartió una charla en mi clase de segundo de bachiller, ese día decidí que quería estar por y para los demás», así de segura estaba Laura Rodríguez cuando eligió esta carrera, y a día de hoy sigue igual de ilusionada en su segundo año de estudios.

«Cuando confían en ti, te das cuenta de lo que vales y eso hace que creas más en ti mismo»


Las prácticas de este grado, que se realizan desde el primer año, son una parte fundamental en la formación de los futuros profesionales, ya que constituyen una primera toma de contacto, tanto con los pacientes como con el resto de trabajadores que conviven en un hospital.

Juan comenta que durante estos tres años ha tenido momentos difíciles. Ha experimentado el miedo por hacer las cosas mal, y no solo eso, ha vivido situaciones en las que le han faltado el respeto e incluso se han reído de él por su falta de conocimiento. Pero prefiere no quedarse con eso, lo verdaderamente importante son las personas que ha conocido, que lo han ayudado y enseñado. «Es algo muy reconfortante ver cómo te integran porque empiezan a confiar en ti y eso hace que creas más en ti mismo», puntualiza.

Esta etapa de preparación puede llegar a desembocar en una situación de estrés que lleve a los estudiantes a plantearse si de verdad tomaron la decisión correcta. El enfermero Pablo Sánchez, de la Unidad de Cuidados Críticos de la Universidad de Castellón y autor del blog Enfermería tecnológica, publicó un post donde cuenta, desde su experiencia como formador, que los aprendices tienen muchas dudas y aconseja que deben abandonar el pánico a la hora de preguntar.

«Si no tuviésemos miedo sería porque creemos que lo sabemos todo»


Pablo Sánchez en su publicación también enfatiza sobre la importancia de la actitud que muestran los alumnos, así como lo imprescindible que es trabajar en equipo. Estos tres universitarios coinciden en que para trabajar bien, primero hay que crear un buen ambiente de trabajo. Lo más importante para ellos es aprender, sin importar el lugar y la hora. «En un turno de ocho de la noche a ocho de la mañana, ahí estaban los enfermeros a las tres de la madrugada resolviendo nuestras dudas», explica Laura Rodríguez.

Laura González, que comparte curso con Juan, considera que el miedo y la presión van de la mano. Afirma que estos dos sentimientos son los que hacen que tengan mucho cuidado y respeto por lo que están desempeñando. «Si no existiera esa sensación sería porque creemos saberlo todo, pero en esta profesión no es así», asegura la joven.

A pesar de los duros momentos que se pueden llegar a vivir en las prácticas, la universitaria sostiene que «este trabajo te llena de momentos, ya sean buenos o malos, cada día vives situaciones totalmente diferentes y hay detalles que siempre se quedan guardados».

«Ya no existe una emigración definida, se viaja a donde hay trabajo»

Ciencias Sociales y Jurídicas
Manuel Hernández destaca la dificultad actual para encontrar trabajo especializado en Canarias. Foto: T.L.C

Manuel Hernández, catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna, dirige el proyecto de investigación La Migración canaria a América. Fue coordinador del Centro de Documentación de Canarias y América del Organismo autónomo de Museos y Centros del Cabildo de Tenerife por cuatro años. Cuenta con más de cincuenta libros y más de un centenar de artículos en revistas especializadas y seis premios de investigación histórica. Para poder tratar este tema, que hunde sus raíces en lo más profundo del pueblo canario, Hernández brindará sus amplios conocimientos y experiencia.

A modo de introducción, ¿podría decirnos por qué se interesó por esta línea de investigación? «Siendo canario es normal que te interese el tema americano porque tenemos parientes en ese continente y muchos vínculos. En mi caso personal, yo empecé a trabajar en ello desde los años 80 y desde entonces, junto a otros colaboradores, hemos seguido esa línea de investigación».

Emigración a América


Entrando en materia, ¿Qué tipo de movimientos migratorios existieron? «Dentro de la emigración hubo dos corrientes. Enmarcamos dentro de la primera cuando, junto a los comerciantes canarios, la Corona pagaba a los canarios pasajes a sitios donde el Caribe se había quedado vacío, por exterminación de la población indígena o emigración. A esto lo llamamos  ‘tributo de sangre’. Ejemplo de este tipo de emigración fue la de Puerto Rico que tenía 3000 habitantes en 1650. Otro tipo de migración fue a Venezuela y Cuba por vínculos de paisanaje a principios del siglo XX, básicamente porque eran economías expansivas. Tanto el cacao de Venezuela como el tabaco en Cuba atraía a muchos canarios, que se ayudaban entre sí y compraban un trozo de terreno, empezaban a cultivarlo y comercializaban ese tabaco».

¿Los destinos variaron según la isla de procedencia? «Fueron poblados por familias canarias las zonas rurales y de agricultura, emigraciones masivas de Lanzarote y Fuerteventura. Cada región sí que tiene sus vínculos, los palmeros y gran canarios emigraron muchos más a Cuba, los tinerfeños a Venezuela, majoreros y lanzaroteños a Uruguay».

¿Existieron períodos de emigración ilegal? «A Venezuela se emigró ilegalmente en los años 70 y 80 así como la migración clandestina del 48 al 52 donde más de 8000 personas fueron en barcos de pesca clandestinos. El único factor a favor que tenían era que la costa y el mar eran buenos con los alisios, pero hubo emigración a Uruguay en 1830 donde llegó a comerse carne humana».

¿El trato que recibían allí era satisfactorio? «Los hacendados querían aprovecharse de la gente. En el siglo XIX a menudo les pagaban el pasaje pero a cambio tenían que pagarle un préstamo por las familias con trabajo de sol a sol, trabajando durante 5 años quitándole una parte del sueldo. Por eso muchos se fugaban y aparecían en los documentos como prófugos».

Influencias 


¿Qué influencia de canarios en América diría que podemos encontrar? «Nuestro contacto con América ha influido en muchos aspectos, incluso como se ha demostrado con estudios genéticos que muestran la similitud del ADN mitocondrial canario con el de poblaciones como Puerto Rico, Cuba o República dominicana. La influencia la podemos notar hasta en el habla porque durante siglos los canarios han llevado allí su dialecto».

¿Se podría decir que Canarias es la comunidad autónoma que más influencia ha tenido? «Sí, sobre todo en el mundo del Caribe y zona del Uruguay, porque ha sido una emigración constante a lo largo del tiempo y creamos vínculos de ida y vuelta. Captamos esa influencia de la emigración de principios del siglo XX en elementos como la fiesta de los indianos en la Palma, música que se han incorporado al folklore canario o el consumo y producción de gofio en todas las regiones de Venezuela, Cuba y Puerto rico, fundamentalmente con maíz, ya que en el caribe el trigo se da muy mal».

Lazos


¿Cree que la gente es consciente de nuestro lazo cultural con América? ¿De qué manera quieren difundir esto? «La gente cree que la emigración es un tema que solo afectó a nuestro padres y abuelos pero saben lo que existió con anterioridad. La realidad es más compleja. Para hacer llegar ese conocimiento lo hacemos desde publicaciones periódicas de artículos y libros hasta documentos audiovisuales. Como ejemplo de esto la Televisión Canaria produjo La huella isleña donde se emitieron programas sobre Puerto Rico, República dominicana, Uruguay, Cuba, México y de los pueblos que fundaron los canarios en EE.UU, como San Bernardo en Louisiana. Actualmente hay un proyecto de Venezuela aprobado y pendiente de la realización pero que no se ha grabado todavía por la situación de inestabilidad».

Para finalizar, ¿podría hacer una reflexión sobre los flujos de migración actual de canarios? «Los canarios están moviéndose a muchos sitios, ya no es una emigración definida; se viaja a donde hay trabajo. No es una emigración de carácter masivo a un sitio específico como existía antes, población campesina analfabeta que iba a trabajar el campo, esta es más compleja. Hoy en día es a cualquier parte del mundo, según su cualificación y la demanda. Por ejemplo muchas enfermeras emigran a Inglaterra porque se necesita, la gente se busca la vida en función a las necesidades que tienen, impulsado por la dificultad de encontrar trabajo especializado aquí».

Estados Unidos: muy parecido al infierno

Sociedad
El barrio de Castro en San Francisco, símbolo LGTBI. Foto: Cristina Magdaleno

Cuando uno piensa en Estados Unidos es imposible escapar de las miles de ideas preconcebidas por culpa del cine, las series de televisión, algún que otro libro y horas y horas de canciones cuyo escenario principal suelen ser las eternas carreteras y la vida de la clase obrera norteamericana (culpables: Dylan, Petty, Springsteen y muchos otros). Hice un viaje corto a Estados Unidos, de una semana, y estuve cinco días en San Francisco y dos en Los Ángeles. Y lo cierto es que nada más pisar suelo americano es difícil no llevarse los primeros golpes de realidad y comenzar a ver cosas de las que nadie parece hablar y que hasta los viajeros ocasionales omiten.

Edificio con graffitis en alguna calle de San Francisco. Foto: C. Magdaleno

En San Francisco, si quieres experimentar tu primer golpe de realidad, es recomendable ir a eso de las 7 de la tarde a la zona del ayuntamiento. Al escoger el hotel, no seas demasiado eurocentrista y hagas el razonamiento lógico de: ‘si está cerca del ayuntamiento será buena zona’ porque buena parte de los planteamientos que traigas de casa no van a servir.

Cerca del ayuntamiento hay un tramo de unos 700 metros en el que la calle (High St.) está llena de prostitución y personas sin techo que compran, venden y consumen droga con una cotidianeidad desoladora. Esto, que puede quizá parecer producto de un sábado a las siete de la tarde, ya de noche, fue una imagen que se repitió al día siguiente, por la mañana y a plena luz del día. También, aunque en menor medida que en High St, era habitual ver algo similar en las calles principales de la ciudad.

554.000 personas sin hogar


Solo en California, el número de personas sin hogar es de más de 114.000, según el Departamento federal de Vivienda y Desarrollo Urbano (algo así como el Ministerio de Vivienda en Estados Unidos) en un dato publicado por el New York Times en este reportaje que os recomiendo si queréis leer algo más sobre el tema.

El número de homeless en el estado de California supone una cuarta parte del total de personas sin techo en EEUU, que se sitúa en 554.000. Para que os hagáis una idea, la ciudad de Albuquerque, la ciudad más poblada del estado de Nuevo México, cuenta con 545.000 habitantes. O Charleston, la segunda ciudad más poblada de Carolina del Sur, tiene 120.000 habitantes, ligeramente superior a la cifra total de personas sin hogar que viven en California.

A lo largo de los últimos años, muchas personas sin techo han migrado al oeste huyendo del frío de la costa este en los meses de otoño e invierno. Es esto lo que explica la enorme cifra de personas sin hogar que hay California, un estado en el que la temperatura media de sus dos principales ciudades durante todo el año oscila entre los 12-22º C en los meses fríos y 22-30º C en los meses más calurosos. Muy lejos de las frías temperaturas de otras macrociudades como Nueva York o Washington D.C. en la costa este durante los meses de otoño e invierno.

El perfil de las personas sin hogar, a simple vista, estaba muy claro: había una mayoría de personas afroamericanas, seguidas, con una proporción algo más baja, por blancos, latinos, nativos americanos y asiáticos.

Los datos con respecto a esta última percepción no me dan del todo la razón, pero vale la pena analizarlos. Según el Informe de Asesoramiento Anual de 2016 elaborado para el Congreso de Estados Unidos, el 48 por ciento de las personas sin techo son blancas, las afroamericanas el 39 por ciento, los nativos americanos casi el 3, y los asiáticos el 1 por ciento. Sin embargo, si se comprueba y compara con los datos de población total, los blancos son el 77 por ciento y los afroamericanos alrededor del 15.

El salvaje crecimiento de la población homeless en los últimos años pone de manifiesto el irresoluble problema del precio de la vivienda y la inmovilidad de los sueldos. Muchas de las personas que acaban sin hogar llegan a esa situación tras vivir en una espiral en la que, con sus bajos salarios, gastan más de la mitad de su sueldo en la vivienda, que no ha parado de subir mientras los salarios permanecían estáticos.

Los Ángeles desde Griffith Observatory. Foto: C. M.

Lo poco que pude ver con respecto al ámbito laboral tampoco fue demasiado esperanzador. En Los Ángeles, durante un viaje en Lyft (una app de taxis parecida a Uber, pero algo más barata), el conductor, de origen latino, contó que trabajaba casi todos los días de la semana unas 16 horas diarias y que solo iba a su casa para dormir. Con menos horas o menos días, su sueldo no sería lo bastante decente como para permitirse vivir en una ciudad como LA.

También apuntó que había ahorrado lo suficiente como para comprarse una casa grande en un barrio residencial en la que ahora vivía su hermana de alquiler. Por comodidad con su trabajo, él había decidido alquilar un estudio en el centro que, cada vez que podía, alquilaba a través de AIRBNB para obtener ingresos extras.

Un poco de Estado del bienestar


Me pareció una locura. De nuevo, desde ese cómodo eurocentrismo que me hace pensar que reservar un hotel al lado del ayuntamiento es algo lógico, me parece terrible tener que trabajar tantas horas para asegurarte una vida decente prácticamente sin comodidades y teniendo que hacer piruetas para tener un buen seguro médico y, con suerte, un poco de tiempo de descanso a lo largo del año.

Otra de las percepciones que se pueden tener, y que es subjetiva y difícilmente demostrable, es que la gente parece estar siempre hecha polvo. Además, muchos dan la sensación de aparentar más edad de la que en realidad tenían. Por eso, casi todas las veces que me han preguntado cómo ha ido el viaje he respondido con el mismo chascarrillo: muy bien, pero he visto a los americanos con falta de un buen Estado del bienestar y un poco de socialdemocracia.

Por último, mi consejo es que desconfiéis siempre de quien os ponga a Estados Unidos como ejemplo de nada. Todo lo que vi allí en una semana es lo último que quiero para España. Y hacedme un favor: hay que cuidar las jornada de 40 horas, las vacaciones retribuidas y la gratuidad de los servicios públicos esenciales. Fuera de eso, todo lo demás se parece mucho al infierno.

Vendedor ambulante en Chinatown, San Francisco. Foto: C. M.

«Las multas son la solución para que las costas no sean cubos de basura»

Ciencias
En los grados impartidos en la Escuela de Naútica se enseñan las diferentes técnicas para luchar contra la contaminación a bordo. Foto: M. Gutiérrez

El Grupo de Investigación Contaminación y Seguridad Marina (CONSEMAR), creado en el año 2007, centra su actividad investigadora en los vertidos de hidrocarburos al mar y la seguridad a bordo de los buques. Además, se encarga de la posterior divulgación de los resultados obtenidos mediante la publicación de artículos de investigación en revistas del sector. Así como de la concienciación de los daños que se pueden producir en el medio marino mediante ferias, visitas a colegios e institutos y campus científicos, entre otros.

José Agustín González, doctor en Ingeniería Náutica, Marina y Radioelectrónica Naval y uno de los integrantes de este equipo, afirma que su prioridad es la prevención. «Por eso formamos a los alumnos de la Escuela Náutica de la Universidad de La Laguna en los medios de lucha contra la contaminación a bordo de los buques», manifiesta. Asimismo, el investigador declara que mediante el análisis de accidentes ocurridos con anterioridad «buscamos proponer técnicas y medidas para minimizar el impacto y en la medida de lo posible, tratar de que no vuelvan a producirse».

Los residuos que ensucian El Porís


El Porís, situado en el municipio de Arico, se encuentra en una zona de corrientes marinas que forman un vórtice. Es decir, un flujo turbulento en rotación espiral con trayectorias de corriente cerradas. Esto provoca que cualquier contaminante que se vierta desde la costa o en sus inmediaciones retorne de manera irremediable en la misma.»Tenemos la idea equivocada de que todo lo que vertemos de la tierra al mar desaparece en su inmensidad, pero siempre nos acaba devolviendo nuestra suciedad», subraya el docente.

El experto indica que la polución que afecta a esta playa en concreto son los microplásticos y que su origen no se encuentra en las embarcaciones, que deben registrar y controlar sus basuras, sino en la tierra. Asimismo, manifiesta que «las corrientes están devolviendo precisamente la contaminación que nosotros mismos hemos provocado en la zona y las multas son la solución para que las costas no sean cubos de basura».

Miembros del grupo CONSEMAR

«En el Archipiélago hace falta una política de reciclaje de plásticos como la de Alemania»


Por otro lado, el investigador apunta que «en el Archipiélago hace falta una política de reciclaje de plásticos como la de Alemania». En este país, los envases de este material retornan al lugar de venta y se gestionan desde allí. La medida es efectiva, porque al igual que con las bolsas de plástico, «no devolver esas botellas nos hace perder dinero». Según González, en las islas se cuenta con un sector turístico muy concienciado en este sentido, por lo que no entiende como este sistema aún no se ha implantado siendo tan sencillo.

Las consecuencias de la polución producida por los grandes buques son preocupantes, sin embargo estos son los más vigilados. Canarias, como destino vacacional, cuenta con multitud de puertos pesqueros y deportivos con embarcaciones menores. Se trata de pequeños barcos que navegan cerca de la costa y difícilmente pueden ser controlados en caso de que produzcan vertidos. «En numerosas ocasiones hemos encontrado cerca de la costa residuos de aceite, gasoil y otros carburantes o incluso, basura y restos que arrojan al mar», afirma.

«Me sigue sorprendiendo cada persona y su experiencia al final de la vida»

Ciencias de la Salud
Alfonso García, profesor de la ULL experto en Tanatología. Foto: N. Orozco

Con una sonrisa de oreja a oreja y un característico sombrero. Así me recibe en su despacho Alfonso García. Un palmero doctor en Antropología por la Universidad de La Laguna, diplomado en Enfermería y docente en la Institución lagunera. Además, García es el coordinador de un grupo de observación que estudia los cuidados al final de la vida, y todo lo que a esta le rodea. Lo que se conoce en la actualidad como Tanatología. Cómo se van aquellos seres queridos, cómo podemos ayudarlos a mejorar, cómo podemos llevar mejor nosotros el duelo…

Brevemente, ¿qué es la Tanatología? «Une dos conceptos que son importantes: tánato y logía. Tánato es muerte y logía es la ciencia que se encarga de las enfermedades. Pero no es una disciplina como tal, podríamos decir que es algo que engloba todo. Como te puedes imaginar, la muerte se puede estudiar desde el punto de vista biológico, social, antropológico, ético… Aquí en España no está tan asentada como, por ejemplo, en Latinoamérica, donde no tienen problema en hablar de este tema. Es algo a lo que todavía le falta mucho camino por recorrer. En nuestra universidad, por ejemplo, no existe algo que enseñe y acerque toda la información necesaria en torno a esto. En este sentido, La Laguna está a la cola del País».

¿No se suelen producir confrontaciones con las creencias religiosas de los pacientes? «Las religiones no dictaminan qué es lo que hay que hacer al final de la vida. Se posicionan más respecto a si podemos quitárnosla o no. Quiero decir, no hablan de los cuidados al final de esta, sí lo hacen con lo que creen que hay después. Por eso, el proceso al fallecer es algo muy medicalizado. También, obviamente, por la época en la que vivimos. En otro momento, esto no hubiera sido así, ahí sí hubiera estado todo más controlado por las instituciones religiosas que correspondieran».

¿Cómo surge el grupo? «A mí el tema de la muerte me ha interesado mucho durante muchísimos años. Tanto es así que  estoy dirigiendo un máster sobre los cuidados al final de la vida desde 2002. He ido formando alumnos durante muchos años y fruto de eso, han ido apareciendo personas que realmente todo esto les interesa. Y es en el 2017, cuando un grupo de personas, a las que había dado clases, formamos un grupo de investigación. Participamos también en una línea que estudia la muerte, los cuidados y el duelo, hemos hecho tesis… Somos en la actualidad siete miembros de diferentes áreas (enfermeros, periodistas, psicólogos…) que servimos de mediadores para hacer actividades relacionadas con el tema».

«La muerte deberíamos normalizarla, estudiarla y conocerla más»


Después de todos estos años, ¿cómo definiría la muerte? «Sinceramente, es difícil. Muchas veces cuando hablamos de fenecer pensamos solo en los muertos, otras veces, en el duelo. Mientras que es un concepto mucho más amplio, más teórico. La muerte es el cese en el que la persona deja de ser autónoma, de decidir. Es un concepto polisémico, muy amplio. Es más, hay diferentes consideraciones, como por ejemplo, la física o la espiritual. Depende mucho de la persona en sí. De hecho, aquellos que, por el motivo que fuere, se quieren suicidar, consideran que ya están muertos. Por eso digo que, redefinir el concepto de estar vivo o no, es un tanto ambiguo y difícil. Está claro que dar respuesta a esta pregunta es complicado, porque en el fondo esta se comporta como una aporía (una pregunta sin respuesta). Podemos imaginarnos lo que es, pero no lo sabremos hasta que nos llegue».

Entonces, se podría afirmar que para poderla definir dependerá de los factores externos que intervengan… «Claro, aunque también entran las leyes que ha impuesto la sociedad. Por ejemplo, se considera que alguien está vivo, según algunas culturas como la judío-cristiana, mientras el cuerpo lo esté. Pero bien es cierto, que en los últimos años hemos introducido el concepto de muerte cerebral, y es así, cuando decimos que el cuerpo no es autónomo y entramos en el debate si podemos desconectarlo o no. Y esto es lo que rige actualmente a los españoles, haciéndolo todo muy difícil. Y ya por último, para cerrar, creo que debemos de personalizarla cada vez más. Los cuidados y la atención de aquellos que van a fallecer o los que estén en duelo, debe hacerse de una forma más individual».

¿A qué se refiere? «Yo estoy muy en contra de los cuidados estandarizados, es decir, funcionamos todos igual: si tú eres mayor y estás mal, te ingresamos en un centro geriátrico como hacemos con los demás y ya está. Porque lo que prima es el soporte biológico, es evidente que todos tenemos un cuerpo, pero los cuidados al final de la vida, si lo ponemos simplemente desde el punto de vista biológico, estamos diciendo que la muerte solo tiene esa cara. Y nos estamos olvidando de la parte emocional, la parte de las creencias… No habría que estandarizar, sino personalizar».

¿No es eso que plantea un tanto utópico? «Sí, pero es que a mí me gusta la utopía. Si lo piensas, tratar a todo el mundo igual, al final, es lo más desigual. La equidad completa sería que a cada uno lo tratemos como quiera. Es cierto que existen ya una serie de recursos, pero deberíamos de utilizarlos para tratar a cada individuo como lo que es o quiere ser. Si llegáramos a actuar de esa manera, significaría afirmar que somos una sociedad más abierta, más diversa y más respetuosa con la visión de la vida y el final de esta».

«No hay programas educativos destinados a hablar sobre este tema»


¿Tiene una cara bonita la muerte? «Es el final de la vida y todo el mundo tiene que vivirlo con dignidad. Es decir, volvemos a lo mismo de antes, es algo personal. Es algo que está siempre en presente, y por tanto, una vida con dignidad suele terminar con una muerte como tal. Mejorar la calidad de vida de los individuos significa mejorar la atención de ellos, y con el morir es igual. Debemos de darles dignidad en el proceso final. Por ello, hay que recordar que para cada uno el expirar tendrá un lado diferente, y probablemente esa cara tendrá que ver con lo que seamos y nuestra percepción sobre la vida».

Personalmente pienso que, muchas veces, es tratada como un tema tabú, lo que provoca cierto desconocimiento sobre la misma. ¿Cree lo mismo? «Sí, por supuesto, de hecho lo enlazo con lo de antes, no hay programas educativos para hablar de la muerte. Hay algunos, sí, pero con un enfoque de trascendencia. Y lo que es en sí no es eso, quien decide si hay algo después son las religiones. Por tanto, se podría decir que, al no haber programas así, estamos renegando una realidad. Se oculta y no se habla. Solo aprendemos desde la experiencia personal, o guiándonos por aspectos tradicionales. Deberíamos de normalizarla, estudiarla y conocerla más. Saber que es algo que está ahí, y que antes o después nos va a tocar. En este aspecto estamos en pañales. Somos primermundistas, es cierto, pero en esta asignatura, somos tercermundistas».

¿Falta un mejor sistema de apoyo para los afectados o cercanos al fallecido? «Sí. Yo creo que al igual que existe todo ese repertorio de cuidados al final de la vida, este otro tipo de ayudas debería estarlo también. Un ejemplo: En Canarias, a lo mejor, con paliativos mueren trescientos cincuenta personas al año, pero, y ¿dónde mueren las demás? En los servicios de urgencias, en los centros geriátricos, etcétera. Ahí es donde habría que ver cómo las ayudamos para que sea un final de vida lo más adecuado y personalizado posible. Como también, a las familias que estuvieron con ellos. Que puedan tener un soporte, a través de salud mental, personas especializadas que ven si tienen los recursos suficientes… Hay que intentar aspirar a un sistema de apoyo particular. Como por ejemplo en Islandia, donde se está haciendo».

«No he tenido ninguna experiencia mística como mucha gente se puede imaginar»


Muchas personas lo que hacen es alejarse al máximo de este tema y todo lo que a este le rodea. En cambio usted hace todo lo contrario, ¿por qué? «Me ha interesado desde siempre. Los que me conocen saben que llevo cerca de treinta años interesándome por el tema. He organizado siempre charlas relacionadas con el tema, tanto aquí como en México, y en el resto de Latinoamérica. Antes es verdad que me interesaba más lo que es la muerte en sí, el proceso, cómo podía ayudar en esa etapa. Después, pasó a interesarme mucho más lo que es la muerte del otro y el proceso de duelo. No he tenido ninguna experiencia mística como mucha gente se puede imaginar. Por ejemplo, cuando quedé viudo, lo asociaban con esto, pero no. Es cierto que muchas veces las experiencias en tu vida condicionan lo que haces o dejas de hacer, pero no es mi caso».

¿Con qué se queda después de todos estos años? «Yo creo que sigo pensando como al principio, lo que pasa es que cada vez sé menos del tema.  Me sigue sorprendiendo cada persona y su experiencia al final de la vida. Siempre me gusta verlos como personas únicas y que viven su proceso como ellas mismas. Quiero decir, los veo y no me recuerdan a los otros quinientos que he visto. Lo que quiero decir todo esto es que, la vida de las personas con las que compartimos nuestro día a día, todas tendrán un final y siempre habrá alguien que viva un duelo por ellos. Pero siendo únicos, personales e intransferibles. Y de esta manera es como deberíamos mirar la vida, convirtiendo cada momento, cada instante, en algo irrepetible. Es una manera de vivir. Decir y saber que lo mejor está por llegar. No es algo solo gris. El final tendrá los colores que la gente quiera ponerle, y así es como hay que verlo».

Bellas Artes: un grado prejuzgado

ULL
El grado en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna oferta un amplio abanico de salidas profesionales. Foto: PULL

La Universidad de La Laguna, entre su amplia oferta formativa,  incluye también el Grado en Bellas Artes. Este tiene como objetivo formar artistas y profesionales con competencias en todos los ámbitos laborales que abarcan las artes visuales en el siglo XXI. Para realizar la carrera, los alumnos deben elegir entre alguno de los cuatro ámbitos de creación previstos: escultura, ilustración–animación, pintura y proyectos transdisciplinares. Además, capacita a las personas graduadas para la continuación de estudios de posgrado en el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES).

El Grado de Bellas Artes oferta un extenso abanico de salidas profesionales: dirección artística en empresas audiovisuales, productoras cinematográficas y de televisión, creativo en agencias de publicidad y moda, asesor y organizador de eventos culturales, artista gráfico vinculado al dibujo comercial y la ilustración… son solo unas de las pocas del sinfín de posibilidades. Entonces, ¿por qué existe esa creencia de que estudiar Bellas Artes no tiene salida?

Prejuicios, prejuicios y más prejuicios


La gente se ha encargado de juzgar el Grado sin tener realmente conocimientos sobre en qué consiste, qué tipo de asignaturas se cursan o qué trabajos se pueden desempeñar con esa titulación. Martina Armas, estudiante del tercer curso de Bellas Artes admite que hay demasiados prejuicios con respecto a la carrera: «Por lo general la gente suele pensar que en Bellas Artes solo se pinta y no es así». Asimismo, añade que «hay un abanico de opciones y creo que eso es una de las cosas más bonitas y enriquecedoras de esta carrera».

Alaisa Díaz, de segundo curso cree que muchas de las personas que estudian Bellas Artes son duramente criticadas por lo mismo: «Creen que es una carrera en la que se meten muchas personas simplemente por descarte o porque no saben qué hacer». También reconoce la influencia que tienen los familiares en los estudiantes a la hora de escoger este grado: «Me sentí muy condicionada por ellos. De hecho, antes de entrar en la carrera quise hacer el bachillerato de artes y mis padres no me dejaron».

«Eso no tiene salida», «Vas a estar en el paro» o «¿De qué trabajas con eso?» son algunos de los comentarios que los estudiantes de Bellas Artes se ven obligados a soportar constantemente. «Aunque siempre he sido una persona creativa, tuve miedo de estudiar este grado porque cuando me planteé la posibilidad todo eran respuestas del tipo ‘Uf, eso no tiene mucha salida'», admite Martina Armas.

La Universidad apoya, pero no mucho


Samuel Martín, estudiante de tercer curso considera que la Universidad, con respecto a la pintura, que es su rama, se implica, pero no demasiado: «Falta un poco de iniciativa en cuanto a hacer más salidas a galerías o charlas con otros artistas», pues cree que «al fin y al cabo son la mejor fuente de consejo de la que nosotros como estudiantes podemos beber».

Respecto a esta misma cuestión, Alaisa Díaz opina que la Universidad en lugar de apoyar a los alumnos, hace todo lo contrario: «En Bellas Artes muchos estudiantes tenemos proyectos y objetivos nuevos que no podemos cumplir, ya que tenemos que seguir una serie de pautas. En la carrera en vez de mejorar y explotar el talento y la técnica de cada uno, lo que hacen es enseñarnos a hacerlo todos igual y eso no es apoyarnos, es convertirnos en clones», aclara.

Por otro lado, también hace hincapié en que al igual que en cualquier otro grado no basta solo con la teoría, también cuenta la parte práctica. Sin embargo, en esta carrera la práctica asume un papel crucial. Martina Armas asegura que «la dificultad está en el compromiso y el interés». Alaisa Díaz complementa este mensaje añadiendo que «es una carrera a la que tienes que echarle muchas horas de trabajo y esfuerzo». «A la hora de evaluar, no es como un examen teórico en el que hay una respuesta fija, aquí cuenta la opinión y el gusto del profesor y eso muchas veces puede ser un problema», concluye.

«El primer paso es asumir que van a recibir comentarios negativos toda la vida»


En Canarias, tener éxito en cualquier profesión es todo un reto, sin embargo, triunfar en algo relacionado con el arte es especialmente complicado. Samuel Martín considera que en Canarias es muy complicado tener éxito porque «eso viene dado por la concepción que se tiene del arte y del artista aquí». Del mismo modo, justifica que «muchas de las personas que nos metemos en la carrera sabemos que el futuro como artista está fuera de las Islas y de España que es donde el arte es más reconocida como tal».

Siguiendo por esta misma línea, Alaisa Díaz considera que «desgraciadamente aquí en Canarias no hay mucho margen donde demostrar tu talento» y saliendo a la Península o al extranjero una persona podría tener más posibilidades de triunfar, pero es igualmente una tarea complicada. «Si sales de aquí a la Península o fuera de España podrías tener más posibilidades, pero aún así es difícil conseguirlo», explica.

«Yo animo a cualquiera que tenga ganas de hacer este grado a que no se sientan infravalorados», sugiere Samuel Martín. Martina Armas, por su parte, ultima: «Si quieren estudiar Bellas Artes les diría que el primer paso es asumir que van a recibir comentarios negativos toda la vida. Yo también me vi condicionada y sé de primera mano que a veces necesitas un empujón para lanzarte de lleno a la piscina».

La emoción de Mäbu deja sin palabras

Música

Cuando María Blanco y Charlie, su acompañante, subieron al escenario, pasaron tan desapercibidos que apenas hubo tiempo para aplausos antes de que comenzara el primer tema. No era la primera vez que Mäbu visitaba El Búho, pero aún así el nerviosismo la acompañó durante los primeros acordes de su canción más conocida: Hallo. Pasada la frontera de las 21.30 horas, eran pocos los seguidores de la cantautora que se reunieron el sábado 1  de junio en el local lagunero que no se animaron a arroparla con sus voces.

Después de conquistar al público con La locura, la vocalista se dirigió por primera vez a su audiencia: «Siempre me ha acompañado una frase favorita: ‘La vida es muy difícil’. Espero que esta noche sea un pequeño paréntesis, que conecten con nosotros y que vivan con intensidad nuestra música y nuestra siguiente canción: Cara triste«. A esta le siguió A solas, una canción que nunca defrauda pese a ser de las primeras en su repertorio. En este punto de la noche, entre aplausos y coros del guitarrista, las sonrisas de la audiencia eran símbolo de su victoria musical.

Melodías que traspasan fronteras


Tras los aplausos  y los silbidos de la audiencia, María aprovechó para presentar la siguiente composición de una manera muy peculiar: «Quien no lo sepa, Mäbu cumple diez años. En el 2008  se me ocurrió la idea de empezar a componer  y tuve la gran suerte de contar con Charlie. Yo no hago muchas canciones y me he dado cuenta que hay melodías que traspasan fronteras, las cuales han sido tan versionadas que ni Google sabe cual es el autor original. Esto ocurre porque la canción llega al corazón, y es lo que haremos nosotros, espero que disfruten de esta versión».

Después de estas palabras comenzó Espérame en el cielo, las expresiones faciales y gesticulaciones hizo que el público no quitase ojo de la cantante. Todo un derroche de expresividad y emociones. Prosiguió con un tema que aunque la audiencia no reclamase, a ella le encantaba tocar. Bajo este manzano fue la sexta composición del concierto. Seguidamente, llegó Fantasmas, un tema que lleva ese nombre por el consejo que le dio su abuela sobre el primer desamor de verano: «No hay peor cosa que perseguir la sombra de un fantasma». 

«Nosotros concebimos el álbum como una travesía, y decidimos abrirlo con una canción que habla de un viaje espiritual», explicó Blanco en referencia a Los viajes con SamEra perceptible a simple vista el valor de esta composición para María y Charlie, ya que al terminar se dedicaron una sonrisa el uno al otro.

«Que nos oigan hasta en Islandia»


Si ya en Buenos días el público se animó a acompañar con sus voces a Mäbu, cuando la cantautora los invitó al grito de «canten más fuerte, que nos oigan hasta en Islandia», Quédate a dormir se convirtió en un himno de la noche. Con la euforia por las nubes, la artista no dudó en improvisar una coreografía para que los allí presentes la siguieran. Tras este divertido momento, la cantautora presentó la siguiente composición que tocó los corazones de todas las mujeres que estaban en la sala: «Con esta canción quiero gritar todo lo que muchas quieren decir, un no es un no».

«Me voy a emocionar pero solo puedo dar las gracias por que se hayan metido en nuestro mundo y lo hayan disfrutado casi de la misma manera que lo hacemos nosotros», se despidió la cantante justo antes de Mi voz. Puso así final a un concierto sumamente sentimental que demostró una vez más que el sacrificio del camino vale la pena cuando al subir al escenario se consigue la gloria.

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